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Seremos olvido

La vida es finita y la memoria se extingue: tarde o temprano seremos olvido.

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Por: León Ferreira

Alguna vez el poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) escribió, “Extraño ser es el hombre, nacer no ha pedido, vivir no ha sabido y morir no ha querido”. La vida es un viaje breve enmarcado en momentos, algunos de dolor, sufrimiento otros de alegría y solaz. Siempre momentos es la vida, una cadena de instantes que quedan perpetuados en la memoria de quien los transita. Sin memoria hay olvido y la mayoría de los seres humanos serán y seremos olvido. Si se es realista es muy probable que en cien años ninguno de Nosotros esté vivo aún, lo que significa que probablemente sean nuestros descendientes de primera, segunda y eventualmente tercera generación quienes nos recuerden. Los demás descendientes no nos conocerán, eventualmente nos mencionarán, simplemente repetirán lo que creen haber oído.

En doscientos años ya nadie nos recordará, ni aún nuestros descendientes y probablemente, los pocos que sean evocados serán un relato, un dato o simplemente un nombre con una fecha, nadie nos conocerá. De nada valdrá la recreación tecnológica mediada por inteligencia artificial, nunca será suficiente, será un espejismo. Al cabo del paso de los años, la memoria se extinguirá, seremos olvido.

¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Trascender, acaso? ¿En qué sentido trascender? ¿Quizás en una estatua, un busto, una pintura, un libro, una película, una rutilante placa en la cima de una edificación? ¿Duplicarse en el ADN de un descendiente remoto? ¿Permanecer en la “conciencia” de un sistema mediado por Inteligencia Artificial? ¿Acaso alguien recuerda a ciencia cierta, quiénes eran las familias y los acompañantes de las grandes figuras que vivieron hace siglos y su carácter moral? Seremos indudable olvido. Entonces ¿Por qué razón tanto afán por trascender o perpetuarse en una placa que podría ser sustituida por otra? El milenario arte rupestre evidencia la existencia pasada pero olvidada.

Seremos olvido porque la vida personal es finita. Seremos olvido porque es así desde siempre y por siempre, sin egos, ni vanidades. Sólo se vive en la memoria de quien recuerda. Sin memoria no hay existencia, simplemente subsistencia. No hay razones para renegar de nuestra naturaleza finita y transitoria. Somos pasajeros en tránsito. El pasado pasó, ya no existe, el futuro es el presente eterno, sólo hay el aquí y el ahora: El presente. No hay más.

El aquí y el ahora son lo que merece ser vivido en tanto se puede, lo demás es vana ilusión. Hay quienes quisieran vivir en el pasado, pero no es posible. Tampoco es posible vivir en el futuro. Cuando aceptemos que seremos olvido la vida será mejor y hasta más placentera. No en vano, Jorge Luis Borges (1899-1986) en un soneto memorable lo plasmó:

“Ya somos el olvido que seremos/ El polvo elemental que nos ignora/ Y que fue el rojo Adán y que es ahora/ Todos los hombres, y que no veremos.

“Ya somos en la tumba las dos fechas/ Del principio y el término. La caja, / la obscena corrupción y la mortaja, / los ritos de la muerte, y las endechas.

“No soy el insensato que se aferra/ al mágico sonido de su nombre. / Pienso, con su esperanza, en aquel hombre

“que no sabrá que fui sobre la Tierra/ bajo el indiferente azul del cielo. / Esta meditación es un consuelo”.

Sí, así es. Razón tuvo Borges, seremos olvido. El mundo es este. Habrá otros mundos, mejores y peores, pero es este, en este tiempo el que nos ha correspondido junto a estos seres humanos, con virtudes y defectos ¡Punto, no hay más! Vivir feliz con lo que hay es una decisión, no hay de otra. Al fin y al cabo, seremos olvido y nadie saldrá vivo de la vida.