El cuarto de las desgracias
Un sueño y un sismo llevan al autor a reflexionar que la desgracia no siempre depende del mérito o la culpa, sino de estar en el lugar equivocado.
Un sueño y un sismo llevan al autor a reflexionar que la desgracia no siempre depende del mérito o la culpa, sino de estar en el lugar equivocado.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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No sé si ha sido el calor de estos días lo que me ha hecho despertar varias veces durante la noche. Lo cierto es que últimamente duermo mal. Quizás por eso soñé lo que soñé.
Estaba en una casa con mi esposa y mi hija. Había varios amigos. En algún momento alguien nos entregó una moneda y dijo que debíamos lanzarla por turnos. La regla era sencilla: donde cayera, había que tomar lo que hubiera en ese lugar.
Mi esposa lanzó primero. La moneda cayó sobre una mesa de comida. Seis tacos, dijeron. Y se los comió. Entonces llegó mi turno. Antes de lanzar me hicieron una advertencia: había un lugar donde la moneda no debía caer. Lo llamaban el cuarto de las desgracias. Quien tuviera la mala suerte de mandarla hasta allí tendría que cargar con las desgracias que encontrara.
Lancé la moneda. Rebotó dos veces y comenzó a rodar precisamente hacia aquel cuarto. Por un momento tuve la certeza de que entraría, pero una pequeña inclinación cambió su rumbo y terminó en el bar. Seis piscos. Me los tomé. Después todo continuó con normalidad. Mi hija jugaba y mi esposa conversaba con sus amigas. Entonces desperté. Estaba sudando.
Me levanté y escribí lo que recordaba, pero una imagen seguía dando vueltas en mi cabeza: el cuarto de las desgracias. ¿Quién termina entrando allí? ¿Es cuestión de suerte? Nos enseñan que debemos comportarnos bien, ser honestos, trabajar, ayudar y no hacer daño. Uno quisiera creer que existe alguna relación entre nuestra conducta y aquello que la vida termina entregándonos. Pero ¿por qué a la gente buena le ocurren cosas terribles? ¿Por qué algunos dominados por la codicia, el engaño o la violencia parecen caminar bajo la sonrisa de la fortuna? No encontré respuesta.
Me bañé y salí hacia la oficina. Llegué poco antes de las siete. A las siete y media tenía una reunión. Entonces comenzó a temblar. Primero fue esa sensación extraña de no saber si se mueve uno o se mueve el mundo. Después sonaron los vidrios, el edificio se balanceó y la botella de agua de mi escritorio cayó al piso. Pensé en salir, pero no lo hice. Quizás porque ya había vivido fuertes sismos en Indonesia y Nepal y uno comete el error de creer que la experiencia sirve de algo frente a la naturaleza. Fue largo y más fuerte de lo que normalmente sentimos en Bucaramanga.
Cuando terminó busqué información. El epicentro había sido en Chocó. Si desde tan lejos lo habíamos sentido así, pensé, allá podía ser grave. Poco después aparecieron las noticias y las imágenes: destrucción, personas corriendo, familias buscando refugio y gente tratando de encontrar a los suyos. Y entonces recordé la moneda.
Habían pasado apenas unas horas desde mi sueño. Yo la había lanzado y, después de dos rebotes, había esquivado por centímetros aquel lugar prohibido. En mi sueño tuve suerte. Otros, esa mañana, no. Entonces comprendí algo: al cuarto de las desgracias no se entra por mérito ni por culpa. A veces basta estar allí. En la casa, la carretera o el lugar equivocado. La moneda rebota, cambia de dirección y cae.
Quizás por eso la fe no es una garantía de que nada malo ocurrirá. La fe sirve precisamente cuando la moneda cae dentro. No para explicar la desgracia, sino para creer que incluso allí no estamos solos; que después del miedo habrá que levantarse, buscar a los nuestros, llorar y seguir viviendo.
Hoy corresponde ayudar. No necesariamente viajando hasta el lugar para estorbar a quienes están preparados para atender la emergencia, sino colaborando desde donde podamos y siendo solidarios con nuestros compatriotas. Porque esta vez la moneda cayó allá. Mañana puede rebotar dos veces y caer de este lado de la puerta.