¿Patria Boba?
El texto critica debates simbólicos y llama a enfocar la discusión política en problemas reales como salud, educación, seguridad y pobreza.
El texto critica debates simbólicos y llama a enfocar la discusión política en problemas reales como salud, educación, seguridad y pobreza.
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Llegan a mi memoria épocas pasadas del siglo 18 de nefasta recordación para la República comprendidas entre los años 1810 a 1819. Observo con estupefacción el mar de babas que se vierte por los distintos actores de la vida nacional frente a propuestas distractoras que en nada contribuyen a consolidar el Estado y fortalecer la institucionalidad. Me refiero a las propuestas presidenciales de la posesión de su cargo en ciudad diferente al domicilio del Congreso de la República y en una guarnición militar, y la de la creación de una capital alterna a la sede presidencial de Bogotá, capital política y administrativa del país, por otra en Barranquilla.
Analizando las propuestas, desprovisto de cualquier sesgo político o ideológico, considero que sustancialmente esos planteamientos más simbólicos que con arraigo legal ni quitan ni ponen en el interés de construir un país más equitativo, justo y desarrollado social y económicamente.
Leo copiosos comentarios sobre las propuestas en los medios de comunicación de los actores políticos, de influencers, juristas, politólogos y del común que hacen que mi mente recoja del baúl de los recuerdos la época de la Patria Boba, guardadas proporciones, cuando la República se sumió en debates estériles e inanes que condujeron a guerras internas que propiciaron el advenimiento del régimen del terror liderado por el español Pablo Morillo en la reconquista.
El país no puede seguir manejándose con simbolismos donde la imaginación está por encima de la realidad objetiva evocando emociones. ¿La izquierda, brújula del anterior gobierno lo hizo y a donde nos condujo? A más polarización; ¿y ahora la derecha también? Y para completar los medios azuzan a unos y otros y de esa manera el país transita por un mar de ‘babas’ sin criterios sólidos y constructivos que en nada contribuyen a la concordia y el desarrollo.
Por el contrario, porque no ocuparse de hacer debates serios, profundos y de contenido sobre el modelo de la salud, de la educación, de la seguridad, de las redistribución de la riqueza, del modelo tributario, de la exploración y explotación de hidrocarburos, gas y minerales raros, de la reducción de la pobreza. etc.
Hagamos esta reflexión: ¿supongámonos que se pudo o no posesionar el presidente en una guarnición militar o colocar o no una sede alterna de la presidencia en Barranquilla. ¿Si estas dos eventualidades simbólicas se dan o no contribuyen en algo a diagnosticar y resolver los grandes problemas de la nación? ¿No es más bien un problema de egos descarriados y de protagonismo insulso o de medición de fuerzas que a ningún lugar conducen?
¿Qué pedimos?: A los gobernantes y fuerzas políticas coherencia, seriedad y eficacia en la gran responsabilidad que asumirán de conducir a una nación hecha trizas. A los medios que no aticen a las distintas fuerzas antagónicas y por el contrario que ayuden a construir una sociedad armónica que jalone el bienestar colectivo.
Al pueblo no dejarse influir por los debates intrascendentes, por los simbolismos inocuos y poner un límite a las voces que fracturan la armonía y que dividen, mientras en Bogotá los actores políticos antagónicos hacen pactos por intereses políticos mientras en las regiones sus seguidores se confrontan verbalmente, se destruyen relaciones familiares y de amistad por causa política.