El porte de armas y seguridad
La violencia armada no depende solo del porte legal, sino de la cultura violenta y las armas ilegales.
La violencia armada no depende solo del porte legal, sino de la cultura violenta y las armas ilegales.
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El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Por: Mario Solano
Observemos el porte de armas, desde el análisis objetivo de la evidencia. Existen naciones como Suiza donde el porte y la tenencia de armas por parte de la sociedad civil está ampliamente extendido, con indicadores de homicidios y delitos violentos más bajos del planeta. la posesión de armas esta arraigada en la ciudadanía; sin embargo, sus tasas de violencia con armas son marginales.
Esto demuestra que la disponibilidad legal de un arma en manos de ciudadanos responsables no se traduce automáticamente en criminalidad. Si analizamos la estadística reciente en Colombia, durante el último año, 2025, a pesar de mantenerse la restricción general y la suspensión al porte de armas de fuego para ciudadanos civiles, el país registró uno de los indicadores más altos de violencia con armas de la última década.
Este hecho contradice el argumento de que prohibir el porte legal reduce el crimen. La violencia armada que sufre la sociedad no proviene del ciudadano que busca protección bajo la ley, sino de las estructuras delictivas y la proliferación de armas ilegales que operan al margen de cualquier regulación estatal, a tal punto que los únicos armados eran los ilegales y, permitir el porte regulado, tampoco debe interpretarse como una demostración de la incapacidad del Estado para brindar seguridad.
Se trata, por el contrario, de entender la seguridad como un principio de corresponsabilidad donde la sociedad civil contribuye a su propia protección personal. Este esquema es análogo al ámbito de la salud pública: cuando las autoridades promueven el lavado de manos, la vacunación o la adopción de hábitos saludables, no están admitiendo un fracaso en el sistema sanitario, sino fomentando el autocuidado como un pilar complementario al esfuerzo estatal.
Hoy en día, desafortunadamente, cualquier discusión sobre este tema tiende a ideologizarse, desviando la atención del factor determinante: la existencia de una cultura violenta. La disponibilidad del instrumento no crea la agresión; es la disposición cultural a resolver conflictos mediante la fuerza lo que alimenta las estadísticas.
El trabajo de fondo debe orientarse hacia la educación, hacia el respeto a la ley y la reducción de los niveles de violencia interpersonal desde la raíz cultural. Concentrar el debate en el desarme del ciudadano respetuoso de la norma y dejar las armas en manos de la delincuencia, solo invisibiliza el problema real y posterga las soluciones efectivas que requiere la comunidad.