Nuestro invadido espacio público
Se critica la tolerancia frente a la invasión del espacio público en Bucaramanga y el área metropolitana, señalando que afecta a los ciudadanos, al comercio formal y a la convivencia.
Se critica la tolerancia frente a la invasión del espacio público en Bucaramanga y el área metropolitana, señalando que afecta a los ciudadanos, al comercio formal y a la convivencia.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Las administraciones de Bucaramanga y diría también que los municipios que conforman nuestra área metropolitana han sido muy muy tolerantes y hasta alcahuetes con quienes invaden el escaso espacio público y lamentablemente los medios de comunicación, los abogados y jueces, priorizan el derecho individual de un ciudadano a subsistir de manera informar ocupándolo, que los derechos de los más de un millón de ciudadanos que nos vemos diariamente afectados por este hecho. Me refiero a varios casos, pero destaco los más relevantes.
El Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público (Dadep) de Bucaramanga viene desarrollando de manera compleja, llena de obstáculos legales y conceptos de diferentes sentencias, recuperación del espacio público, como es su deber y la razón de ser de esa dependencia. Sin embrago los jueces, los abogados y los periodistas parece que priorizan el derecho de un privado invasor sobre el derecho colectivo, por eso considero que estos procesos deben ser más rápidos y efectivos y apoyado de manera clara y vehemente por todos los ciudadanos, porque son más de diez mil infractores registrados y diariamente aparen más, que hoy no permiten circular cómodamente por ningún anden del Centro, Cabecera del Llano y muchos sitios más.
Son invasores que se enquistan en cualquier anden, y así deben ser tratados, porque el espacio público no es propiedad de quien lo invada y debemos disfrutarlo todos. Además, están afectando gravemente a los comerciantes formales, que, si pagan impuestos, contratan empleados con todas las normas laborales y nos permiten garantías del comercio legal, comodidad y seguridad a los ciudadanos.
El desplazamiento del comercio formal a los centros comerciales, que suelen ser de productos más costosos, se ha dado precisamente por estos vendedores invasores, que además generan inseguridad y fomentan la evasión de impuestos. Si nuestra ciudad quiere reducir la informalidad, que en el área metropolitana se ubica en aproximadamente el 45,7% de la población ocupada, según los datos recientes del Informe de Calidad de Vida, el primer paso es reducir el comercio informal y no tolerar la invasión del espacio público.
El Artículo 82 de nuestra Constitución Política, establece con total claridad que el espacio público, ya sean parques, calles y plazas, es un deber del Estado proteger su integridad y asegurar su destino al uso común y en forma más explícita, que el uso común prevalece sobre el interés particular.
Esa es la parte más crítica, pero se ha venido dando por parte del comercio formal de ocupar andenes y en general el espacio público para ubicar mercancía, avisos, parqueo de carros y principalmente motos, que es otra invasión del mismo comercio, pero punto aparte las motos que hay han colonizado carriles de vías y no dudan en parquear aun sobre las avenidas, andes y espacio público.
Debemos destacar la que la actual Dirección de Tránsito de Bucaramanga ha venido haciendo controles, eso sí a todas luces insuficientes porque el problema se desbordó y el volumen de infractores ahoga la convivencia de la ciudad.
Email: antoniojosediazardila@hotmail.com