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Del Chapulín, las tasas y el desempleo

La caída del desempleo al 8 % no refleja por sí sola la realidad laboral: basta una hora de trabajo para ser contado como ocupado y la informalidad sigue creciendo.

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La caída del desempleo al 8 % no refleja por sí sola la realidad laboral: basta una hora de trabajo para ser contado como ocupado y la informalidad sigue creciendo.

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Por: Edgar Julián Muñoz González

El Chapulín Colorado jamás estuvo desempleado. Al menos para el DANE. No tenía un contrato laboral. No cotizaba a pensión. No recibía cesantías ni prima. Pasaba días enteros sin que sonara el teléfono y vivía esperando que alguien gritara: ¡Oh! ¿Y ahora quién podrá defenderme? Cuando aparecía el llamado, salía con su chipote chillón, resolvía el problema y seguía su camino.

Si el DANE hubiera realizado la encuesta durante una de esas misiones, probablemente el Chapulín habría sido clasificado como ocupado. Suena absurdo, pero no lo es. El reciente anuncio de que el desempleo cayó al 8 %, ha sido celebrado como un gran logro del Gobierno. Sin embargo, antes de sacar el guaro y brindar, conviene entender qué es exactamente lo que mide esa cifra.

El DANE comienza identificando la población en edad de trabajar. Después determina quiénes hacen parte de la Población Económicamente Activa, es decir, quienes trabajan o buscan trabajo. Finalmente clasifica a las personas entre ocupadas y desocupadas. Lo interesante es que, para ser considerado ocupado, basta con haber trabajado al menos una hora durante la semana de referencia. Una hora.

No importa si el empleo fue permanente o temporal. Tampoco si existe estabilidad o si al día siguiente la persona vuelve a quedarse sin ingresos. La estadística responde correctamente a una metodología internacional, pero eso no significa que refleje toda la realidad del mercado laboral. Por eso el dato del 8% merece una segunda lectura.

Bucaramanga ha sido históricamente una de las ciudades con menor desempleo del país. No obstante, los últimos informes también muestran un aumento de la informalidad. Es decir, la cifra principal parece mejorar mientras otros indicadores cuentan otra historia menos optimista. Hay otra razón para observar el dato con prudencia. Desde 2023 la economía colombiana no ha logrado crecer por encima del 3%. Además, durante casi todo este gobierno las tasas de interés permanecieron altas. El Banco de la República llevaba el pie sobre el freno.

Para contener ese fenómeno se encarece el crédito. Las familias consumen menos. Las empresas aplazan inversiones. Los nuevos proyectos se frenan. Y cuando la inversión pierde fuerza, el empleo formal normalmente también lo hace. Y ahí las cuentas dejan de cuadrar. ¿Está creciendo el empleo privado gracias a nuevas inversiones? Difícil de creer. O lo que estamos viendo es un aumento de ocupaciones de corta duración, trabajo informal y contrataciones financiadas por el Estado.

Las pequeñas y medianas empresas, que generan buena parte del empleo en Colombia, enfrentan además el desafío de que cada incremento del salario mínimo también aumenta el costo total de contratar formalmente, debido a las prestaciones sociales y los aportes obligatorios. El problema no es pagar mejores salarios sino poder sostenerlos. Cuando ese equilibrio se rompe, aparece la informalidad. Y una economía con más trabajadores informales puede exhibir una tasa de desempleo menor mientras recauda menos impuestos, ofrece menos protección social y genera empleos cada vez más frágiles. No estoy diciendo que el DANE manipule las cifras. Sería una acusación irresponsable. Lo que sí creo es que una cifra aislada nunca debería convertirse en propaganda política. La tasa de desempleo es apenas una pieza de un rompecabezas mucho más grande. Porque una hora de trabajo puede sacar al Chapulín del desempleo. Lo difícil es que también saque a un país de la pobreza.