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Vuelve y juega la Contraloría de Santander

La elección del contralor de Santander volvió a frenarse por demandas y decisiones judiciales.

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Se les volvió costumbre a los santandereanos vivir la zozobra que precede a cada elección del jefe del control fiscal del departamento. En la Asamblea van de demanda en demanda y de suspensión en suspensión.

Por: Oscar Jahir Hernández Rugeles

 

Primero, la justicia anuló la elección de Fredy Anaya, con lo cual hubo que encargar del despacho a la peor funcionaria que ha tenido esa entidad en toda su historia. Después llegó Reynaldo Mateus, elegido por la Asamblea a finales de 2023 en medio de una controversia sin fin entre los diputados, en la que unos alegaban que sí se podía hacer la votación y otros, como Mauricio Mejía, que no. Y cuando Mateus apenas se estaba acomodando en la silla, la misma Asamblea decidió que su período ya se había agotado y abrió, en agosto de 2025, una convocatoria para buscarle reemplazo.

 

En esa convocatoria decidieron pedir una serie de requisitos que no existían ni en la Constitución ni en la ley, y todo volvió a venirse al piso. El Tribunal Administrativo, con ocasión de una demanda, primero la congeló y, el 28 de septiembre pasado, la tumbó, dejando en claro que todo debía permanecer suspendido hasta que el fallo quedara en firme. Y aquí es donde todo se vuelve un mal chiste.

 

Al día siguiente, la Mesa Directiva de la Asamblea expidió otra convocatoria y se dió el lujo de escribir en ella que “no existía orden judicial” que se lo prohibiera. Algo que nadie entiende si se tiene en cuenta que lo promulgaron un día después de que un fallo les ordenara, con todas las letras, no moverse.

 

Pero en la vida no hay mal chiste sin su explicación: el hombre al que daban por despachado, convertido ya en un recuerdo, Reynaldo Mateus, apeló. Y lo hizo con un escrito en el que le pidió al Consejo de Estado congelar esa segunda convocatoria antes de que se cierren las inscripciones.

 

¿Cuál fue el resultado? Pues que el proceso entero quedó amarrado a su apelación, y ese hombre que para muchos ya no existía, el que tenía un pie afuera y al que nadie miraba, es quien hoy tiene frenada, una vez más, la elección de Contralor.

 

La justicia colombiana tiene ante sí un asunto muy serio —si el período del contralor se cuenta por el calendario institucional o por los cuatro años de quien llega—, y sobre eso no se ha dicho la última palabra, pero los medios de comunicación tampoco se han dado cuenta de la trascendencia que tiene esto para el país.

 

Y mientras los abogados de Mateus se dan la pela por un lado y los de la Asamblea se la dan por el otro, escondiéndose para no firmar nada que los comprometa, el ente de control seguirá funcionando con una encargada hasta que la justicia decida, o hasta que el señor Reynaldo Mateus, en la tranquilidad de su oficina en Floridablanca o en medio de una feria ganadera, decida desistir.