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Santander necesita más mujeres tomando decisiones

Santander debe pasar del discurso a acciones reales para abrir espacios de liderazgo, educación e independencia económica a las mujeres.

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Hablar de empoderamiento femenino en Santander no debería ser una cuestión de moda, ni una frase utilizada únicamente durante las conmemoraciones del Día Internacional de la Mujer. Es, por el contrario, una conversación que debe permanecer abierta durante todo el año, especialmente en un departamento donde las mujeres han demostrado, en diferentes escenarios, que tienen capacidad, liderazgo, preparación y determinación para transformar sus comunidades.

Por: Lady Mantilla

Santander tiene una historia marcada por el carácter de su gente. Y dentro de esa historia también están las mujeres: campesinas, empresarias, profesionales, madres, docentes, comerciantes, periodistas, líderes sociales, científicas, artistas, funcionarias, emprendedoras y trabajadoras que, muchas veces, han construido bienestar para sus familias y comunidades sin recibir el reconocimiento que merecen.

Pero empoderar a las mujeres no significa simplemente decirles que son fuertes. Significa crear condiciones reales para que puedan ejercer esa fortaleza.

Una mujer empoderada no debería tener que demostrar permanentemente que merece ocupar un espacio. No debería ser cuestionada por liderar, ni tener que trabajar el doble para demostrar que puede desempeñar una responsabilidad que históricamente estuvo reservada para los hombres. Tampoco debería encontrar puertas cerradas cuando decide emprender, participar en política, dirigir una empresa o asumir responsabilidades dentro de su comunidad. Y aquí Santander tiene una tarea pendiente.

El departamento necesita avanzar hacia una cultura donde el liderazgo femenino deje de ser visto como una excepción y se convierta en parte natural de la sociedad. Necesitamos más mujeres participando en las decisiones públicas, en las juntas directivas, en las empresas, en los gremios, en las organizaciones sociales, en las universidades y, por supuesto, en los espacios donde se define el futuro de nuestros municipios.

Porque una sociedad no puede hablar de desarrollo mientras una parte importante de su población continúa encontrando obstáculos para desarrollar plenamente sus capacidades.

 El empoderamiento también pasa por la independencia económica. Una mujer que tiene acceso a educación, empleo digno, formación empresarial, crédito y oportunidades de crecimiento tiene mayores posibilidades de tomar decisiones sobre su propia vida. Por eso, fortalecer los emprendimientos liderados por mujeres no puede reducirse a entregar una capacitación ocasional o tomarse una fotografía durante una feria.

 Se necesitan políticas sostenibles. Santander tiene un enorme potencial en sectores como el turismo, la gastronomía, la agricultura, la transformación de productos del campo, los servicios, la tecnología, la industria creativa y el comercio. En todos estos sectores existen mujeres con ideas y proyectos que pueden convertirse en empresas generadoras de empleo.

El reto está en que esas ideas no se queden en pequeños negocios de subsistencia. Hay que ayudarlas a crecer.

También debemos hablar de educación. El verdadero empoderamiento comienza cuando una niña entiende que su futuro no está limitado por su género, por el lugar donde nació o por las expectativas que otros tengan sobre ella. Una niña de un municipio santandereano debe poder imaginarse como ingeniera, médica, empresaria, alcaldesa, investigadora, deportista, artista o líder de su comunidad. Pero para que esa imaginación se convierta en realidad necesita oportunidades.

Y tampoco podemos hablar de empoderamiento femenino ignorando las violencias que todavía enfrentan muchas mujeres. No hay verdadera autonomía cuando existe miedo. No existe libertad plena cuando una mujer debe modificar sus decisiones para evitar agresiones, amenazas, discriminación o control.

Por eso, la defensa de los derechos de las mujeres debe ir acompañada de instituciones capaces de responder oportunamente, rutas de atención eficientes y una sociedad que no normalice ninguna forma de violencia.

Sin embargo, sería un error presentar a las mujeres únicamente desde la vulnerabilidad. Santander también debe aprender a mirarlas desde sus capacidades.

Hay mujeres que están creando empresas, llevando productos santandereanos a otros mercados, liderando proyectos comunitarios, generando empleo, investigando, educando nuevas generaciones y ocupando espacios que durante décadas estuvieron dominados por hombres.

 Ellas no necesitan que la sociedad les haga un favor. Necesitan que se eliminen las barreras que todavía les impiden competir en igualdad de condiciones.

El empoderamiento femenino, además, no significa una competencia entre hombres y mujeres. Significa construir una sociedad en la que el talento no tenga género y las oportunidades no dependan de ser hombre o mujer.

Santander necesita entender que cuando una mujer progresa, no progresa únicamente ella. Se fortalece una familia, se dinamiza una economía, se educa una generación y se transforma una comunidad.

Por eso, el verdadero desafío no es llenar discursos de palabras como liderazgo, igualdad o empoderamiento. El verdadero desafío es convertirlas en acciones.

Más mujeres tomando decisiones. Más mujeres creando empresas. Más mujeres accediendo a educación. Más mujeres participando en política y en los espacios de poder. Más mujeres liderando proyectos rurales y urbanos. Más niñas creciendo convencidas de que pueden llegar tan lejos como se lo propongan.

Santander tiene mujeres capaces de hacerlo. Lo que necesita ahora es una sociedad dispuesta a abrirles las puertas, reconocer su talento y, sobre todo, permitirles ocupar el lugar que legítimamente les corresponde.

Porque el futuro de Santander no puede construirse dejando a las mujeres mirando desde la puerta. El futuro se construye con ellas, pero también debe ser construido por ellas.