¿Por qué buscar de Dios?
Buscar de Dios no nace de la perfección, sino del reconocimiento de la fragilidad humana y de la necesidad de su misericordia.
Buscar de Dios no nace de la perfección, sino del reconocimiento de la fragilidad humana y de la necesidad de su misericordia.
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La crítica siempre acechará a quienes buscan de Dios. Pretender que, todo aquel que intenta estudiar su palabra automáticamente tendrá que ser perfecto y justo es un equívoco. Buscar de Di-s no es asunto de personas inmaculadas y perfectas. Quienes arrojan criticas sin compasión sobre quienes buscan de Dios, en el fondo, justifican la imperfección como estado natural humano. No es la perfección la que conduce a la búsqueda de Di-s, por el contrario, es la imperfecta debilidad la que conduce a su búsqueda, el reconocimiento de la existencia Superior.
El Sidur, cuya traducción castellana es “Orden”, reúne las oraciones del pueblo judío. Es un manual de rezos diarios; existen versiones según la tradición de que se trate, puede ser askenazí, sefaradí, yemení y jasídico, entre otras tradiciones judías. El resultado de las compilaciones de rezos de los sabios judíos a lo largo de los siglos. En el Sidur hay un rezo que, bien podría responder a la pregunta ¿Por qué buscar de Di-s? a la sazón, en la tradición Jabad-Lubavitch se lee: “¡Amo de todos los mundos! No es por nuestra propia rectitud que presentamos nuestras súplicas ante Ti, sino por tus abundantes misericordias”.
Primero es el reconocimiento de Dios como el amo del Mundo, como el Creador de todo. Quien ha existido desde antes que el mundo fuera creado, durante y luego de su creación y, aún cuando el mundo deje de existir, Dios continuará sin que nada altere su existencia. Al reconocer la soberanía del Creador del Universo, aceptamos que los seres humanos somos minúsculas gotas de agua en un océano. En ese orden de ideas, ningún ser humano será superior por más que lo intente, jamás podrá emular al Creador perenne e inmanente de todo lo que existe y existirá. Los seres humanos somos pasajeros que, por más galardones logrados a lo largo de nuestra exigua vida, la misma se extinguirá como si jamás hubiéremos existido.
Segundo, la búsqueda de Dios se acrecienta no por nuestra rectitud; en contraste, a mayores debilidad e imperfección, mayor será la necesidad de buscar del Creador. No es per se que, la búsqueda de Dios nos haga mejores personas o moralmente superiores. Buscar de Dios lleva inherente el reconocimiento de la debilidad humana frente a la infinita misericordia del Creador. No buscamos de Dios porque seamos mejores personas; buscamos de Dios porque aceptamos que lo necesitamos y sin su presencia no tiene sentido la vida. Estudiar La Tora, para algunos La Biblia, para otros El Corán, no nos hará mejores personas por ese sólo hecho, pero sí nos serán reveladas enseñanzas y pensamientos que podrán ser respuestas a las necesidades individuales. Algo que los críticos jamás lograrán entender desde su vacua racionalidad.
En la oración en comento también se pregunta: “¿Qué somos? ¿Qué es nuestra vida? ¿Qué es nuestra bondad? ¿Qué es nuestra rectitud? ¿Qué es nuestra fuerza? ¿Qué es nuestro poderío? ¿Qué podemos decir ante Ti, Adonai nuestro Di-s y Di-s de nuestros padres? ¿No son todos los hombres poderosos igual que nada ante Ti, los hombres de renombre como si jamás hubieran existido, los sabios como si no poseyeran conocimiento, y los hombres de entendimiento como si carecieran de inteligencia?” En suma, la mayoría de los actos humanos son nada revestidos de vanidad. Los días de la vida humana son vanos ante El Creador, todo es vanidad. Lo verdaderamente importante es el alma pura que algún día rendirá cuentas. Por ello, es preferible buscar de Di-s mientras se tenga la fuerza para ser hallado. Finalmente, se trata de un proceso personal, vivencial, individual e intransferible; allí no cabe nadie más, ni quien critica, ni su crítica.