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Pagar deuda con mas deuda, la insostenible estrategia de Petro para mantener la liquidez en su gobierno

Colombia enfrenta tasas récord para endeudarse y recurre a deuda de corto plazo, lo que refleja una creciente desconfianza del mercado y mayor presión fiscal.

Pagar deuda con mas deuda, la insostenible estrategia de Petro para mantener la liquidez en su gobierno
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Colombia enfrenta tasas récord para endeudarse y recurre a deuda de corto plazo, lo que refleja una creciente desconfianza del mercado y mayor presión fiscal.

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El semáforo fiscal de Colombia empezó a parpadear en rojo. Mientras el Gobierno del presidente Gustavo Petro insiste en responsabilizar al Banco de la República por el alto costo del crédito y la desaceleración económica, el mercado financiero está enviando otro mensaje: el problema ya no es solamente monetario, sino de confianza. Y esa desconfianza se está cobrando caro.

 

Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Economía / EL FRENTE

La reciente colocación de deuda pública a tasas cercanas al 14% y 15% no solo rompió récords históricos de las últimas dos décadas, sino que dejó al descubierto un fenómeno que inquieta a economistas, calificadoras y analistas del mercado: Colombia está pagando cada vez más por endeudarse, pero además lo está haciendo a plazos peligrosamente cortos.

Los especialistas desde distintos sectores lo han repetido recientemente hasta el cansancio: la economía nacional está bajo un estado severo de estrés financiero. Para controvertir la tendencia, el Ministerio de Hacienda salió al mercado buscando $900.000 millones en Títulos de Tesorería de corto plazo, conocidos como TCO. El resultado fue una señal de alerta: los inversionistas apenas ofertaron $856.500 millones y el Gobierno terminó adjudicando solo $631.500 millones a una tasa del 13,9% anual para un vencimiento de apenas 364 días.

Para intentar conseguir algo de liquidez, el Estado colombiano aceptó endeudarse pagando intereses similares a los de una tarjeta de crédito empresarial, con el agravante de que dentro de un año deberá volver a conseguir recursos para pagar capital e intereses. Es deuda sobre deuda, un carrusel financiero que varios analistas comparan con “patear el balón hacia adelante” mientras el hueco fiscal continúa creciendo.

El episodio fue leído por el mercado como algo más profundo que una simple subasta débil. Por ejemplo, el indicador Bid/Cover, que mide la relación entre demanda y monto adjudicado, cerró en apenas 1,0. Traducido al lenguaje de Wall Street tropical: el mercado compró casi por obligación, sin entusiasmo y sin margen de confianza.

Para el economista Diego Montañez-Herrera, investigador de la Universidad Eafit, el dato pasó sorprendentemente desapercibido pese a su gravedad. Según explicó, se trata de la tasa más alta registrada en la serie histórica de deuda pública de corto plazo desde 2011. La preocupación central no es únicamente el interés, sino el vencimiento acelerado de la obligación. “En solo un año esa deuda toca refinanciarla otra vez”, advirtió.

 

Altísimo endeudamiento

De acuerdo con los analistas, el problema adquiere mayor dimensión cuando se observa el comportamiento del endeudamiento durante el último año. De acuerdo con cifras citadas por el exviceministro de Hacienda Juan Alberto Londoño, en 2025 el Gobierno emitió $92,7 billones en deuda de corto plazo, un incremento del 368% frente a 2024. Nunca antes el país había recurrido de manera tan agresiva a este tipo de financiamiento.

Detrás de esa estrategia aparece una palabra que empieza a repetirse en los análisis económicos: liquidez. El Gobierno necesita caja inmediata para cubrir funcionamiento, nómina estatal, subsidios, pensiones y servicio de deuda. El problema es que cada semana conseguir dinero cuesta más.

La imagen que describen algunos especialistas es la de una administración atrapada entre dos incendios: por un lado, un déficit fiscal creciente; por el otro, inversionistas cada vez más desconfiados. El resultado es un círculo vicioso. A mayor percepción de riesgo, mayores tasas; y a mayores tasas, más costoso sostener el gasto público.

 

Estrechez de liquidez

El Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) ya había advertido una “estrechez persistente de liquidez”. El saldo de caja del Gobierno nacional cayó a $9,8 billones, uno de los niveles más bajos de los últimos años. Paralelamente, Colombia exhibe hoy uno de los déficits fiscales más elevados de América Latina, cercano al 6,4% del PIB.

En ese contexto, el mercado dejó de mirar únicamente la inflación o las tasas del Banco de la República y empezó a observar con lupa el manejo político de las finanzas públicas. Ahí es donde la discusión económica se vuelve inevitablemente política.

Durante meses, el presidente Gustavo Petro ha responsabilizado al Banco de la República por mantener altas las tasas de interés. Sin embargo, varios analistas sostienen que el mercado está castigando más bien la pérdida de credibilidad fiscal del Gobierno.

Felipe Campos, gerente de estrategia de Alianza Valores, resumió el fenómeno con una frase que se volvió viral en círculos financieros: “El Gobierno fue el que le subió las tasas al país, no el Banco de la República”.

La afirmación apunta a un cambio de percepción en el mercado. Mientras el Banco mantenía estable su tasa de política monetaria, los TES seguían disparándose. Eso significa que los inversionistas comenzaron a exigir primas de riesgo adicionales para prestarle plata a Colombia, independientemente de las decisiones del Emisor.

El economista Julio Romero, de Corficolombiana, sostiene que el deterioro tiene varias capas. La primera es la inflación persistente, alimentada por factores como el aumento del salario mínimo y las tensiones internacionales derivadas del conflicto en Irán. Pero la segunda capa, quizás más delicada, es la reputacional.

Según Romero, el deterioro fiscal y la incertidumbre política profundizaron la pérdida de confianza sobre el país. La rebaja de la calificación soberana por parte de S&P Global Ratings y el aumento de los CDS, los seguros contra incumplimiento de deuda, son señales de que el mercado ve a Colombia como una economía más riesgosa que hace apenas dos años.

En términos simples, prestarle plata al Estado colombiano hoy parece menos seguro y, por eso, más caro.

El problema no termina ahí. Buena parte de esta deuda vence en el corto plazo, lo que significa que el próximo gobierno recibirá una presión gigantesca de refinanciación. La Contraloría ya advirtió riesgos de vencimientos críticos entre 2026 y 2030.

 

Deudas nuevas para pagar deudas no tan viejas

Varios expertos sostienen que el Gobierno Petro cambió la composición de la deuda buscando reducir exposición al dólar y recomprar bonos externos, una estrategia técnicamente válida en ciertos escenarios. Pero el mecanismo utilizado encendió nuevas alarmas: emitir deuda corta en pesos para comprar dólares y pagar obligaciones externas.

El Banco de Bogotá reveló que el Ministerio de Hacienda habría repetido este esquema al menos cuatro veces desde julio de 2025. El resultado es una aparente mejora cambiaria, pero al costo de aumentar el riesgo de refinanciación interna.

El mercado interpretó la jugada como una señal de urgencia. Algunos operadores incluso describieron la subasta de $6 billones del pasado 13 de mayo, colocada a tasas cercanas al 14%, como una operación hecha “desde la desesperación”.

Mientras tanto, el discurso político del Gobierno parece marchar en dirección contraria al comportamiento de las cifras. El petrismo ha construido parte de su narrativa económica alrededor de la crítica al “neoliberalismo financiero” y al endeudamiento heredado de administraciones anteriores. Sin embargo, los números muestran que el Estado colombiano hoy paga las tasas más caras desde la crisis del covid-19 y recurre masivamente a deuda de corto plazo para sostener su funcionamiento corriente.

La paradoja resulta difícil de ignorar: un gobierno que prometió transformar el modelo económico terminó dependiendo más que nunca del mercado de deuda. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, tampoco ha logrado transmitir tranquilidad a los inversionistas. Sus enfrentamientos públicos con el Banco de la República y las contradicciones en las proyecciones oficiales alimentaron aún más la volatilidad.

Cada décima de tasa que sube el país no es solo una cifra en Bloomberg. Es dinero público que se evapora silenciosamente en el costo del endeudamiento. Y en medio de la campaña presidencial, mientras el Gobierno insiste en que el problema es culpa del Banco de la República o de los “analistas neoliberales”, el mercado parece haber emitido ya su propio veredicto: Colombia sigue consiguiendo crédito, sí, pero cada vez más caro, más corto y con menos confianza.