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Más allá de la Inteligencia Artificial

El artículo advierte que el mayor riesgo de la IA no es la máquina, sino la dependencia humana que reduce el pensamiento crítico.

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Corría el año 2020, cuando la pandemia del Covid-19 puso en jaque a las principales potencias mundiales, dejando una gran escalada de muertes y de paso mostrar que aún les falta mucho para ser esas grandes potencias que puedan ejercer un control mundial, pues el solo Covid no necesitó de ningún tipo de armas, internet o demás avances científicos, solo implantó un virus letal.

Por: Jorge E. Solís

Este fenómeno generó que muchas multinacionales se enriquecieran a costa de una vacuna global impuesta, sin contar con la garantía de efectividad además de someter a países tercermundistas a la virtualidad, una conexión necesaria.

Los cambios en el sistema de vida fueron marcados, pues la pandemia obligó a digitalizarse, a trabajar virtualmente, a estudiar a distancia, hacer comprar por internet, a hacer trámites digitales y a comunicarse de otra manera, una aceleración de 10 años de cambio en apenas unos meses. 

El tiempo siguió su marcha y 3 años después pudimos regresar a nuestras actividades cotidianas sin dejar de lado los cambios impuestos.  Aparece entonces la Inteligencia Artificial, otro cambio profundo de la sociedad, porque ya no se trataba solo de internet, celulares o redes sociales, ahora este tipo de inteligencia puede analizar, escribir, crear imágenes, decidir ciertas tareas, etc.

Tomé la iniciativa de preguntarle a la propia Inteligencia Artificial, que riesgos puede tener la humanidad ante tanto avance, pues ya no asimilamos la información que a diario llega, al punto que muchos de sus creadores han renunciado a seguir si no se crean normas de control. 

Esto respondió: “Es indiscutible que es una herramienta extremadamente poderosa, no es un monstruo inevitable, ni tampoco una salvación mágica.  El verdadero riesgo no es que la IA piense sola, sino que el ser humano deje de pensar por sí mismo, personas que no analizan, que no verifican, que dependen totalmente del algoritmo”.

“La IA todavía depende de la programación humana, la gran preocupación humana es que llegue un momento donde la velocidad de aprendizaje supere la capacidad humana de controlarla completamente. 

El problema no es solo tecnológico, es humano, educativo, tecnológico, cultural y hasta espiritual. El Covid encerró al mundo, la Inteligencia Artificial terminó de conectarlo. El riesgo más real es una humanidad cada vez más dependiente, más manipulable y menos crítica. La pregunta no es cuándo aprenderá la máquina, sino cuando dejará de aprender el hombre por comodidad”.

La inteligencia Artificial finalmente terminó sugiriendo, cómo rematar esta columna, convencida de que una idea central muy poderosa podía ser: “La humanidad aprendió a vivir conectada. . . pero aún no sabe hasta dónde llegará esa conexión”, rematando con la frase: “El futuro ya no parece llegar lentamente, Ahora aparece cada mañana en la pantalla de un celular”. Creo que vale la pena preguntarnos, ¿cuánto está incidiendo la Inteligencia Artificial en nuestro sistema de vida?