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Opinión

El rescate de la doctrina policial

El artículo defiende el respeto al escalafón y la sucesión de mando en la Policía Nacional como base de su doctrina e institucionalidad.

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Por: Luis E. Gilibert

La estabilidad institucional de las naciones no se edifica sobre la improvisación ni el desconocimiento intencionado de normas que rigen sus estamentos más sagrados. A lo largo de la historia reciente de Colombia, el desconocimiento de la institucionalidad y líneas de mando en la Policía Nacional ha dejado cicatrices profundas.

El antecedente sentado en mandato anterior, donde se reincorporó a la actividad un general para asumir la Dirección policial, abrió una brecha peligrosa por desconocer el escalafón y aquella decisión sirvió de precedente para que la administración de Gustavo Petro reincorporara sucesivamente tres oficiales generales con el propósito de dirigir la institución-. Esta dinámica que desencadenó resultados funestos, provocando severa alteración en la doctrina, la tradición policial, el liderazgo y la filosofía policial.

Romper la sucesión natural del mando no solo desmotiva a quienes han dedicado su vida al servicio de la patria, sino que erosiona la disciplina orgánica y desarticula la memoria histórica institucional. Cuando la política interfiere en la carrera oficial, las jerarquías pierden su valor intrínseco y la doctrina cede ante los intereses personales. El costo de estos experimentos fue elevado: incertidumbre interna, descontento en las filas y una preocupante afectación en el prestigio que históricamente ha distinguido nuestra fuerza pública.

El presente gobierno si bien acudió nuevamente a la reincorporación de ofíciales generales para asumir la Dirección General con otras responsabilidades del mando, proyecta una diferencia fundamental en la estrategia que da paso al estricto control de la injerencia política en el nombramiento de los mandos; y valorando a su vez, la trayectoria profesional de cada candidato. El cuidado analítico y examen exhaustivo ejercido por el presidente De La Espriella para seleccionar estos ofíciales, permite prever que nos encontramos ante la última fase excepcional de este tipo de decisiones.

La idoneidad de los actuales mandos no debe entenderse como un aval a la excepción perpetua, sino como medida de transición calculada para sanear la institución y sentar las bases de su definitiva recuperación.

Este gobierno tiene ante sí la responsabilidad histórica de conducir la institución policial de regreso al cauce de estricta institucionalidad, garantizando la observancia de la tradición policial y la sucesión escalonada del mando. El respeto irrestricto por el escalafón no es un simple trámite administrativo; es la columna vertebral de la moral del personal garantizando que el liderazgo sea ejercido por quienes han ascendido meritocráticamente en el servicio.

Evitar que decisiones arbitrarias vuelvan a enlodar la imagen y prestigio de nuestra Policía Nacional es mandato imperativo para la seguridad ciudadana. La Patria demanda una fuerza pública cohesionada, profesional y ajena a los vaivenes políticos partidistas. Con el liderazgo actual, Colombia avanza hacia el restablecimiento definitivo de la jerarquía, confianza, honor y la tradición que siempre ha hecho grande nuestra institución policial.