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Opinión

¿Por qué se ha normalizado hablar mal de las mujeres?

El artículo denuncia cómo el descrédito y la humillación pública contra las mujeres se normalizan, y cuestiona cuándo la crítica se convierte en hostigamiento.

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El artículo denuncia cómo el descrédito y la humillación pública contra las mujeres se normalizan, y cuestiona cuándo la crítica se convierte en hostigamiento.

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Atacar, desacreditar y humillar públicamente a una mujer parece haberse normalizado. En ocasiones, estos señalamientos responden a intereses personales, laborales o al afán de protagonismo, utilizando la libertad de expresión como excusa para afectar su reputación y dignidad.

Por: Lady Mantilla

¿Por qué una mujer debe soportar insultos, burlas, calumnias o agresiones psicológicas para demostrar su fortaleza? ¿Por qué todavía hay quienes creen que desacreditarla es una estrategia válida para ganar reconocimiento o perjudicarla?

El caso de la primera dama, Ana Lucía Pineda, y la controversia por publicaciones de Matador reabren el debate sobre los límites de la libertad de expresión. La indagación preliminar anunciada por la Fiscalía, que no implica una condena, plantea una pregunta esencial: ¿Cuándo la crítica se convierte en hostigamiento y humillación contra una mujer?

La libertad de expresión es un derecho y debe protegerse. Sin embargo, defender ese derecho no significa que debamos celebrar cualquier ataque ni ignorar el daño que pueden causar las palabras, especialmente cuando se utilizan para deshumanizar, ridiculizar o destruir la reputación de una mujer.

La historia de esta periodista, madre y trabajadora refleja la lucha de una mujer que denuncia maltratos, descrédito e intimidaciones por parte de personas vinculadas a una iglesia cristiana y a una emisora comercial. Su reclamo es claro: recibir los salarios, las prestaciones sociales y liquidación que le adeudan, recuperar el respeto de su buen nombre. Ha sido señalada y presionada para no defenderse, incluso mediante advertencias y amenazas sobre influencias políticas y judiciales.

¿Por qué una mujer debe soportar la humillación por exigir sus derechos? Ningún título religioso ni experiencia periodística justifican silenciar su voz o desconocer su dignidad.  Se resguardan diciendo que tienen amigos políticos, saludan a todos como si fueran íntimos amigos solo para aparentar y lograr así favores.

Imagínate, que creíste a los pastores cristianos, naciste en esa iglesia solo pensabas dar lo mejor para Dios y apoyar a esos pastores que se dicen ser de Dios; te ponen a trabajar en la emisora comercial en donde ellos son dueños y cada vez que cobrabas tu salario se escudaban diciendo que al siguiente mes, que debías esperar pero luego te llaman y te echan acusándote de ladrona, estafadora, de fraude sin ninguna prueba solo basados en el “periodista profesional de 40 años” y en pastores que solo querían quedarse con tu trabajo. Aparte se ponen a hablar mal de ti en esa iglesia para que nadie te escuche, nadie te respete; te amenazan diciendo que no los puedes denunciar porque son amigos de alcaldes, gobernadores, jueces. Lo peor es que siguen haciéndolo, desprestigiando tu nombre, tu trabajo y siguen aprovechándose del trabajo que hiciste para ellos mandados por ellos; A parte que un pastor de esa iglesia te diga:  …Si cree que tienes derecho, habla con la jurídica de nuestra iglesia…

Demostrando que la iglesia y sus pastores no respetan a las mujeres que trabajaron con ellos y para no pagarles solo se basan en mentiras, calumnias, engaños y denuncias falsas solo para que nadie escuche tu voz y que no te puedas defender.

Ninguna mujer debería sentir que denunciar una situación significa exponerse a nuevas humillaciones.  Ni el periodismo ni una comunidad religiosa están por encima de esos principios. La crítica es legítima; la persecución, la intimidación y el desprestigio deliberado no deben convertirse en herramientas para silenciar a nadie.

También debemos recordar que la violencia contra las mujeres no siempre deja marcas visibles. Puede manifestarse mediante amenazas, aislamiento, burlas reiteradas, manipulación, señalamientos públicos y agresiones verbales que deterioran la tranquilidad y la dignidad de una persona.

Hablar de una mujer a sus espaldas, calumniarla humillarla públicamente no convierte a nadie en una persona más poderosa. Solo demuestra cuánto nos falta por avanzar como sociedad.