¿Por qué en Colombia los políticos son tratados como celebridades?
En Colombia, la alta distancia al poder y el personalismo hacen que muchos líderes sean vistos como celebridades y que la confianza se concentre en personas, no en instituciones.
En Colombia, la alta distancia al poder y el personalismo hacen que muchos líderes sean vistos como celebridades y que la confianza se concentre en personas, no en instituciones.
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Una mirada desde Hofstede. En Colombia es frecuente ver multitudes que siguen a sus dirigentes, y los defienden con la misma pasión con la se apoya a un equipo de fútbol, En muchos casos, los políticos son tratados como celebridades. ¿Por qué ocurre esto?
Una de las respuestas se da en las dimensiones culturales desarrolladas por el investigador Geert Hofstede, especialmente en la denominada Distancia al Poder.
La distancia al poder mide el grado en que una sociedad acepta que el poder se distribuya de manera desigual entre sus miembros. En los países con una alta distancia al poder, las personas muestran respeto hacia quienes ocupan posiciones de autoridad y consideran legítimo que existan diferencias marcadas entre gobernantes y gobernados.
Colombia ha sido catalogada dentro de los países con una distancia al poder elevada. Esto significa que existe una tendencia a destacar la figura de quien ocupa posiciones de liderazgo. El cargo, el estatus y los símbolos de autoridad adquieren gran relevancia.
Para comprender por qué algunos políticos llegan a ser tratados como celebridades es necesario revisar también la historia y la cultura política colombiana.
Desde la época colonial, la sociedad se estructuro alrededor de élites políticas, militares, religiosas y económicas. Durante siglos, el acceso al poder estuvo concentrado en grupos reducidos que gozaban de prestigio social. Posteriormente, la independencia y la construcción de la república dieron paso a la aparición de caudillos que ejercían una enorme influencia sobre la población.
Esta tradición favoreció el surgimiento de una cultura política centrada en las personas más que en las instituciones. Mientras en algunas democracias consolidadas los ciudadanos depositan su confianza en las reglas y organismos del Estado, en América Latina suele existir una tendencia a confiar en líderes específicos.
El sociólogo alemán Max Weber lo describió como la autoridad carismática, una forma de liderazgo basada en las cualidades percibidas de una persona. El líder es visto como alguien capaz de resolver problemas complejos y representa los anhelos de la sociedad y la adhesión adquiere un componente emocional.
A este escenario se suma la influencia de los medios de comunicación y las redes sociales. La política se convirtió en una industria del entretenimiento. Los candidatos construyen marcas personales, diseñan narrativas emocionales, producen contenido audiovisual y desarrollan comunidades digitales.
Las plataformas digitales han intensificado esta dinámica. Hoy un político se comunica con millones de personas, genera contenido diario y construye una relación emocional con sus seguidores. La figura del dirigente se convierte en un producto mediático que compite por atención en un entorno dominado por la viralidad.
Aunque a esto se le suma una paradoja; Colombia es uno de los países donde la desconfianza hacia las instituciones políticas es alta, pero al mismo tiempo los líderes generan niveles de admiración y fidelidad. Es común escuchar críticas hacia los políticos, pero a la vez se mantiene una defensa apasionada de determinados dirigentes.
Este comportamiento revela que la confianza se deposita en las personas. La esperanza de cambio se concentra en figuras individuales que son percibidas como salvadores capaces de transformar la realidad.
La teoría de Hofstede ayuda a entender por qué las figuras de autoridad reciben un reconocimiento especial en sociedades como la colombiana. Sin embargo, el fenómeno es el resultado de una combinación de factores como la herencia, el caudillismo, el personalismo político, la influencia de los medios y la creciente espectacularización de la vida pública.
En conjunto, estos elementos explican por qué algunos dirigentes dejan de ser servidores públicos para convertirse, ante los ojos de muchos ciudadanos, en auténticas celebridades de la política.
*Diego Sáenz Reyes