¿Petro se le tiró la ceremonia de posesión presidencial a Dela Espriella? Con carta le niegan la entrada a base militar
La Presidencia negó que la posesión de De la Espriella pueda hacerse en una base militar y recordó que el acto debe realizarse en el Capitolio Nacional.
La Presidencia negó que la posesión de De la Espriella pueda hacerse en una base militar y recordó que el acto debe realizarse en el Capitolio Nacional.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
··········
········
A menos de un mes del cambio de mando, la tensión entre el gobierno saliente de Gustavo Petro y el presidente electo, Abelardo De la Espriella, suma un nuevo episodio. Esta vez, el detonante fue una carta enviada desde la Presidencia de la República en la que se le notifica al mandatario electo que su posesión presidencial no puede realizarse en una base militar, como se había planteado desde su equipo, sino que debe cumplir el procedimiento constitucional y legal previsto para la transmisión del poder.
El documento, revelado por 6AM de W Radio, deja poco margen para interpretaciones. La Jefatura de Despacho de la Presidencia recuerda que el Congreso de la República tiene su sede en el Capitolio Nacional y que la ceremonia de juramento presidencial está regulada por normas específicas que no pueden modificarse por decisión del Ejecutivo ni del presidente electo.
En uno de los apartes más contundentes de la comunicación oficial se advierte: "Por lo tanto, esta Jefatura de Despacho no tiene competencia para autorizar, avalar ni gestionar que la ceremonia de posesión se realice en una instalación militar o en cualquier sede distinta al Capitolio Nacional; cualquier variación en tal sentido excede el ámbito protocolario del Decreto 770 de 1982 y corresponde, en todo caso, a una decisión propia del Congreso de la República."
La carta cita expresamente el artículo 9 de la Ley 5 de 1992, según el cual el Congreso tiene su sede en la capital del país, y recuerda que el Decreto 770 de 1982 establece que el presidente electo debe prestar juramento ante el Congreso reunido en el Capitolio Nacional, como ha ocurrido históricamente en Colombia.
Sin embargo, el mismo documento admite una excepción que podría convertirse en el centro del debate político de las próximas semanas. La Presidencia reconoce que el artículo 33 de la Ley 5 contempla la posibilidad de que las dos cámaras del Congreso, por acuerdo mutuo, trasladen excepcionalmente su sede a otro lugar. Incluso, en casos de alteración del orden público, el Presidente del Senado podría definir un sitio distinto para sesionar. Es decir, jurídicamente no es imposible cambiar el escenario de la posesión, pero la decisión no depende del Gobierno Nacional ni del presidente electo, sino exclusivamente del Congreso.
El pronunciamiento llega en un ambiente de máxima confrontación política. En los últimos días, De la Espriella suspendió el proceso de empalme con el Gobierno Petro, acusando al Ejecutivo de desconocer su triunfo electoral y de propiciar un ambiente de desestabilización institucional, mientras desde la Casa de Nariño se respondió congelando el proceso de transición hasta que existieran "condiciones de respeto institucional".
Paradójicamente, la misma carta contiene un gesto protocolario que contrasta con el tono jurídico del documento. Allí se anticipa que el presidente Gustavo Petro impondrá al mandatario electo la Cruz de Boyacá, la máxima condecoración que otorga el Estado colombiano, durante los actos oficiales de transmisión del mando, en un reconocimiento institucional al nuevo jefe de Estado.
El intercambio de comunicaciones confirma que la disputa entre el gobierno saliente y el entrante ya no se limita al empalme administrativo. Ahora también alcanza el simbolismo del 7 de agosto, una fecha que tradicionalmente representa la continuidad institucional de la República, pero que esta vez amenaza con convertirse en un nuevo escenario de confrontación política alrededor de la forma, el lugar y el mensaje que acompañará la llegada del nuevo presidente al poder.