Maldita sea la traición, que es el peor pecado de los jefes políticos
El artículo denuncia una supuesta traición política en Colombia, centrada en alianzas entre líderes y partidos que habrían sacrificado principios por poder y burocracia.
El artículo denuncia una supuesta traición política en Colombia, centrada en alianzas entre líderes y partidos que habrían sacrificado principios por poder y burocracia.
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Hasta en la última cena, a la que el gran maestro de la humanidad, Nuestro Señor Jesucristo, hubo de invitar a los doce apóstoles, uno de los cuales había de traicionarlo por treinta monedas de plata. La traición es el pecado capital mas horroroso de la clase política colombiana que prefiere perpetuarse en el poder sin importarles la dignidad de la patria. ¡La ingratitud no se puede perdonar! El presidente electo de Colombia, el doctor Abelardo de la Espriella Otero, debe estar indignado, porque lo traicionaron algunos de sus mejores amigos, como el expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez, en diabólica alianza con su peor adversario, el saliente mandatario del denominado ‘Pacto Histórico’, Gustavo Petro Urrego.
Todo parece indicar que hasta la candidata presidencial Paloma Valencia, fue víctima de la traición en el denominado partido ‘Centro Democrático’, que no fue creado para defender los intereses superiores de la nación sino de una camarilla, que se acomodó en el poder contra la voluntad de millones de colombianos que facilitaron la elección de dieciocho (18) senadores y veinte (20) representantes a la Cámara de Representantes, en estrecho maridaje con los senadores y representantes del Pacto Histórico, creado por el saliente presidente de Colombia Gustavo Petro..
Lo decimos con dolor de patria, porque habíamos creído que gran parte de las fuerzas políticas de la nación habían admirado al expresidente Álvaro Uribe Vèlez, que se dejó seducir por los cantos de sirena que lo invitaron a formar una peligrosa alianza electoral con el saliente presidente Gustavo Petro Urrego, capaz de destruir los intereses democráticos de esta nación, donde en los últimos cuatro años ‘florecieron’ las narcoguerrillas y toda clase de grupos armados ilegales, donde hubo trescientas cincuenta (350) masacres y mil doscientos diecinueve (1.219) asesinatos, al mando de los peores bandidos que haya tenido y padecido la reciente historia de Colombia.
Olvidándose que en Colombia existen unos partidos políticos tradicionales, que han sufrido en carne propia los crímenes cometidos por las guerrillas y el narcotráfico, prefirieron apoderarse de la burocracia del nuevo Congreso de la República, donde la burocracia oficial representa la única razón para apoyar estas alianzas en las cuales se trafica con la dignidad de los seres humanos. No puede ser que un gran estadista como el expresidente Álvaro Uribe Vélez haya mentido en el respaldo político al presidente electo Abelardo de la Espriella, como traicionaron a la senadora Paloma Valencia, que la dejaron abandonada con unos pocos votos, después de haberla engañado en su aspiración a la primera magistratura de la nación.
Lamentablemente, la equivocación del expresidente Álvaro Uribe Vélez lo ha conducido a la descalificación total de la opinión pública nacional, en el momento en que entregó sus banderas a los aliados del partido comunista. La traición de Uribe al presidente electo Abelardo de la Espriella es el mayor pecado cometido por el autodenominado Centro Democrático, que entregó sus banderas y su ideología, a cambio de una alianza con quienes fueron sus mayores enemigos. Quedó valiendo lo que vale un zapato viejo cuando lo tiran a la basura, el señor expresidente Álvaro Uribe Vélez.