La ventaja competitiva que Colombia no puede darse el lujo de perder
En Colombia, la lectura gana terreno, pero el gran reto sigue siendo leer mejor para fortalecer el pensamiento crítico en la era de la inteligencia artificial.
En Colombia, la lectura gana terreno, pero el gran reto sigue siendo leer mejor para fortalecer el pensamiento crítico en la era de la inteligencia artificial.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Por: José Román González Rodríguez*

Leer en tiempos de inteligencia artificial. En plena era de la inteligencia artificial, la automatización y la sobreabundancia de información, la competencia más valiosa para el siglo XXI sigue siendo una de las más antiguas: la lectura.
Mientras el mundo debate sobre herramientas capaces de redactar textos, responder preguntas o resumir documentos en segundos, una realidad permanece intacta: ninguna tecnología puede reemplazar la capacidad humana de comprender, interpretar, cuestionar y construir criterio. Esa capacidad comienza, casi siempre, con un hábito lector sólido.
En este contexto, Colombia empieza a mostrar señales alentadoras. Entre 2024 y 2026, diferentes indicadores evidencian una recuperación gradual de los hábitos de lectura, especialmente en Bogotá, donde las políticas públicas de promoción cultural, las bibliotecas y los eventos literarios han fortalecido el acceso al conocimiento. Es una buena noticia para un país que históricamente ha enfrentado desafíos en materia de lectura y comprensión.
Sin embargo, el verdadero reto no consiste únicamente en leer más, sino en leer mejor.
Los datos muestran avances importantes. La Encuesta Bienal de Culturas de Bogotá reporta que el promedio de lectura pasó de cerca de 2,9 a 3,5 libros por habitante, mientras que escenarios como la Feria Internacional del Libro de Bogotá continúan consolidándose como uno de los encuentros culturales más importantes de América Latina. Estas cifras reflejan un cambio positivo: la lectura empieza a dejar de verse únicamente como una obligación escolar para convertirse también en una actividad asociada al bienestar, el aprendizaje permanente y el desarrollo personal.
Pero aumentar el número de libros leídos no garantiza, por sí solo, una mejora en la comprensión lectora. Allí sigue estando el principal desafío.
Las evaluaciones internacionales, como las pruebas PISA de la OCDE, evidencian que muchos estudiantes aún presentan dificultades para interpretar textos, relacionar ideas, argumentar con evidencia y analizar críticamente la información. En una época marcada por la desinformación, las noticias falsas y los contenidos generados por inteligencia artificial, estas habilidades son indispensables para la vida académica, profesional y ciudadana.
Leer hoy ya no significa únicamente acceder a información. Significa desarrollar la capacidad de distinguir entre una fuente confiable y una engañosa, identificar sesgos, formular preguntas y construir opiniones fundamentadas. En otras palabras, desarrollar pensamiento crítico.
Por eso, la lectura también debe entenderse como una inversión en competitividad. El Foro Económico Mundial identifica el pensamiento analítico, la creatividad, la resolución de problemas y el aprendizaje continuo entre las competencias más demandadas hacia 2030. Todas ellas encuentran en la lectura uno de sus principales pilares.
En este proceso, las bibliotecas continúan desempeñando un papel estratégico. Lejos de haber perdido vigencia frente a internet, hoy funcionan como espacios de acceso al conocimiento, alfabetización digital, encuentro comunitario e inclusión social. Bogotá es un ejemplo de cómo una política sostenida de fortalecimiento de bibliotecas puede traducirse en mejores indicadores culturales y educativos.
Sin embargo, ningún esfuerzo institucional será suficiente sin el compromiso de las familias y de las instituciones educativas. Numerosas investigaciones demuestran que los niños que crecen en hogares donde existen libros, conversaciones y ejemplos lectores desarrollan con mayor facilidad hábitos permanentes. Del mismo modo, las escuelas y universidades están llamadas a promover una lectura que vaya más allá de la evaluación y recupere el placer de descubrir, imaginar y comprender.
Paradójicamente, la expansión de la inteligencia artificial hace que leer sea más importante que nunca. Si una herramienta puede generar respuestas en segundos, el verdadero valor ya no estará en obtener información, sino en interpretarla con criterio, cuestionarla y convertirla en conocimiento útil.
El desafío para Colombia no consiste únicamente en aumentar el promedio de libros leídos por habitante. La verdadera meta debe ser consolidar una cultura lectora que fortalezca el pensamiento crítico, impulse la innovación y forme ciudadanos capaces de comprender un mundo cada vez más complejo.
Las cifras recientes invitan al optimismo, pero también recuerdan que este avance no puede darse por sentado. Mantenerlo exigirá el compromiso de gobiernos, universidades, colegios, bibliotecas, empresas, medios de comunicación y familias.
Porque detrás de cada libro abierto hay mucho más que una historia. Hay una oportunidad para formar ciudadanos más informados, creativos y libres. En tiempos de inteligencia artificial, esa puede ser la mayor ventaja competitiva que Colombia decida construir.
*Docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad de América