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Nos tembló la tierra; que no nos tiemble la solidaridad

El texto llama a responder con solidaridad tras el sismo en Colombia, recordando que ayudar no depende de tener mucho, sino de no ser indiferentes.

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El texto llama a responder con solidaridad tras el sismo en Colombia, recordando que ayudar no depende de tener mucho, sino de no ser indiferentes.

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Por: Carmen Cecilia Orejarena Prada

Hay momentos que nos recuerdan, sin pedir permiso, que no tenemos el control de todo. Un movimiento de tierra basta para detener nuestras rutinas, llenarnos de miedo y hacernos conscientes de lo vulnerables que somos.

Esta vez nos tembló la tierra; el sismo lo sentimos en diferentes lugares de Colombia. Por unos segundos, muchos dejamos de pensar en nuestras preocupaciones cotidianas para preguntarnos qué estaba pasando, si nuestros seres queridos estaban bien y qué consecuencias habría dejado.

Pero mientras algunos pudimos regresar a la tranquilidad de nuestros hogares, para otras familias ese momento significó mucho más: perder una vivienda, un negocio, pertenencias construidas durante años o, simplemente, la seguridad de sentirse protegidos bajo un techo.

Y es ahí donde esta historia deja de ser solamente sobre un sismo y empieza a ser sobre nosotros.  Sobre lo que somos capaces de hacer cuando otros colombianos necesitan nuestra ayuda.

Nos tembló la tierra; que no nos tiemble la solidaridad. Solidaridad no es únicamente sentir tristeza por quienes lo perdieron todo. Es convertir esa tristeza en una acción.

A veces creemos que para ayudar necesitamos tener mucho dinero o abundantes recursos. No siempre es así. Podemos donar alimentos, agua o elementos de primera necesidad. Podemos apoyar iniciativas confiables, ofrecer nuestro tiempo, nuestro trabajo o nuestras capacidades. Podemos compartir información responsable y evitar que los rumores aumenten la angustia.

Y también podemos hacer algo que parece sencillo, pero tiene un enorme valor: no olvidar.

Porque llegará el momento en que las cámaras se apaguen, los titulares cambien y el país vuelva a hablar de otras noticias. Sin embargo, para quienes hoy enfrentan pérdidas, la emergencia continuará.

Ellos seguirán reconstruyendo sus hogares, sus negocios y sus vidas. Por eso, este no debería ser solamente un llamado a donar. Es un llamado a no ser indiferentes.

Preguntémonos: ¿qué puedo hacer yo? Tal vez no podamos reconstruir una casa completa, pero podemos ayudar a poner el primer ladrillo. Tal vez no podamos devolverle a una familia todo lo que perdió, pero podemos contribuir para que no tenga que enfrentar sola lo que viene.  Ayudar no siempre significa dar mucho. A veces significa dar lo que podemos.

Colombia ha demostrado muchas veces que, cuando uno de los nuestros necesita ayuda, somos capaces de tender la mano. Hoy tenemos nuevamente la oportunidad de demostrarlo.

No podemos evitar que la tierra tiemble. Pero sí podemos decidir qué hacemos después del temblor.  Podemos mirar hacia otro lado o tender una mano. Podemos olvidar cuando pase la emergencia o permanecer cerca mientras otros reconstruyen sus vidas.

Que esta tragedia no solamente nos deje el recuerdo del miedo que sentimos cuando todo comenzó a moverse. Que también nos deje la certeza de que, cuando la tierra tiembla, Colombia puede permanecer firme si permanece unida.

Porque la solidaridad no se mide por cuánto tenemos para dar, sino por cuánto estamos dispuestos a compartir cuando alguien lo necesita.

Hoy por ellos. Mañana, puedes ser tú, Que no nos tiemble la solidaridad

*Educadora empresarial.