Farmeemos aura
La calle dejó de ser solo diversión y ahora refleja nuevas formas juveniles de encontrarse, aunque generan rechazo en los adultos.
La calle dejó de ser solo diversión y ahora refleja nuevas formas juveniles de encontrarse, aunque generan rechazo en los adultos.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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En un mundo que impone la velocidad, la hipercomunicación, las individualidades por encima de lo comunal, y una dosis absurda en formas de juzgamiento trivial en redes, salir a compartir es la excepción. La calle cambió su significado en el imaginario social. Ya no es sinónimo de diversión.
Por: Rodrigo González Márquez*
Otrora el castigo por excelencia era la directriz de “entrar a la casa”; lo que se traducía en un amargo camino en el que cada paso era un lamento, cual despedida en un terminal para emprender un largo viaje; tener que parar de jugar a las escondidas, o detener el partido de fútbol de más de tres horas, era una tragedia.
La generación actual está llena de jóvenes que temen a la puerta principal. Muchos son los factores, no solo la vida virtual, pues incluso la arquitectura hace su parte; los apartamentos hacen honor a su nombre, apartan los espacios de la interacción social. Si hemos reducido los espacios espontáneos de encuentro, no debería sorprendernos que se creen otros.
De unas semanas para acá se han hecho famosas imágenes y videos de aglomeraciones juveniles alrededor de una especie de eventos. Cual ágora, circundan la mayoría de ellos a un núcleo central ocupado por una pareja, quienes a partir de movimientos aislados parecen retar a la contraparte mientras el público estalla tras cada secuencia; el “copy” que acompaña la publicación siempre es “Batalla de farmear Aura”.
Viendo la película de Nolan, ante la escena de Odiseo superando el reto de la flecha a través de los ojos de las hachas mi hijo exclamó: “Que aura”. Fue allí cuando le pedí explicación de todo y pude comprender la situación, lo que despertó la curiosidad. Al explorar, la mayor cantidad de mensajes que encontré apuntaban a crítica desmesurada con grandes virtudes en el insulto. Los jóvenes protagonistas, e incluso los del público, son vituperados de manera visceral, en especial por los de mi generación.
Esto muestra un “contradiscurso” en esencia. En casa rogamos y señalamos a nuestros hijos ante la negativa de salir a jugar. Anhelamos constantemente su desapego a lo digital, a la vez que les aburrimos con “historia patria” de nuestras gloriosas épocas pueriles. Pero al primer intento de salida para compartir con sus congéneres, descargamos todo un arsenal de señalamientos, burlas e improperios.
Tal vez el problema no es la manera en que se buscan, sino que nos incomodan sus formas de estar juntos, incluso con escenarios lejanos a la violencia o a peligros de antaño. Nos estamos convirtiendo en esa lluvia que espanta la intención de salir a compartir.
Ojalá no sea tarde para comprender y convenir. Ojalá no sea tarde para agachar la cabeza, abrir la puerta y dejar al sol y ese poder imantado de la amistad hacer lo propio.
*Docente y consultor en DDHH y Manejo de conflictos
X: @rodrygonzalezma