El Niño marca el ritmo de la temporada de huracanes de 2026
El Niño podría reducir la actividad ciclónica en 2026, pero el riesgo sigue vigente: basta un huracán intenso para causar graves daños.
El Niño podría reducir la actividad ciclónica en 2026, pero el riesgo sigue vigente: basta un huracán intenso para causar graves daños.
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Con el inicio oficial de la temporada de huracanes el 1 de junio, comienza también un período de vigilancia intensificada para el Caribe y la cuenca del Atlántico. En los últimos años, la región ha enfrentado ciclones tropicales de gran intensidad que han dejado pérdidas humanas, económicas y ambientales de consideración.
Por Luz E Torres Molina, PhD
Entre los eventos más relevantes destacan el huracán Melissa, que afectó a Jamaica en octubre de 2025; el huracán Beryl, que impactó el Caribe oriental y las Islas Caimán entre junio y julio de 2024; el huracán Idalia, que golpeó el occidente de Cuba en 2023; y el huracán Iota, que devastó la isla de Providencia en noviembre de 2020. A estos se suman los huracanes Irma y María en 2017, considerados entre los ciclones más destructivos registrados en la historia reciente del Caribe.
Varios de estos sistemas alcanzaron la Categoría 5 en la Escala de Vientos de Huracanes de Saffir-Simpson, la clasificación máxima, caracterizada por vientos sostenidos superiores a 252 km/h (157 mph) y un potencial de daños catastróficos.
Pero la temporada de huracanes de este año (2026) podría diferir de las anteriores debido al desarrollo del fenómeno de El Niño y a sus efectos sobre el Atlántico y el Caribe. Según los pronósticos climáticos, El Niño vuelve a influir en la región, pero esta vez con una fuerza mayor que la registrada en años recientes, lejos de la influencia moderada que se observó en 2018.
En términos generales, el fenómeno de El Niño tiende a reducir las lluvias en gran parte del Caribe y a elevar las temperaturas por encima del promedio. Este cambio en el patrón climático intensifica el riesgo de sequías, disminuye los caudales de ríos y embalses y aumenta la probabilidad de incendios forestales, impulsados por un ambiente cada vez más cálido y seco.
En el ámbito ciclónico, El Niño aumenta la cizalladura vertical del viento sobre el Atlántico tropical y el Caribe, dificultando la formación y el fortalecimiento de tormentas tropicales y huracanes. Por ello, se anticipa una temporada menos activa que el promedio histórico.
Otro elemento que puede influir en la actividad ciclónica del Atlántico es la presencia de la Capa de Aire Sahariana, conocida comúnmente como polvo del Sahara. Esta masa de aire seco transporta partículas minerales desde África hacia el océano Atlántico tropical y puede modificar las condiciones atmosféricas necesarias para el desarrollo de tormentas.
El aire seco asociado con este fenómeno reduce la humedad disponible en la atmósfera y puede limitar la formación de nubes profundas, uno de los procesos fundamentales para que una perturbación tropical logre organizarse y fortalecerse.
Aun así, una temporada menos activa no debe interpretarse como ausencia de peligro. La experiencia demuestra que basta un solo huracán de gran intensidad para alterar por completo el destino de una comunidad. Si encuentra condiciones favorables y toca tierra en una zona poblada, puede provocar pérdidas humanas, daños severos a la infraestructura y un impacto económico de enormes proporciones.
Cuando la temporada de huracanes comenzó el pasado 1 de junio, las proyecciones apuntaban a una actividad inferior al promedio histórico. En su pronóstico oficial para 2026, la NOAA estimó la formación de entre 8 y 14 tormentas con nombre. De ese total, se esperaba que entre 3 y 6 evolucionaran hasta convertirse en huracanes y que entre 1 y 3 alcanzaran la categoría de huracanes mayores, es decir, ciclones de categoría 3, 4 o 5 en la escala Saffir-Simpson.
Sin embargo, las perspectivas para la temporada se han tornado aún más favorables. El 8 de julio, la Universidad Estatal de Colorado publicó una actualización de su pronóstico en la que redujo ligeramente la actividad ciclónica esperada para el Atlántico. Según esta nueva proyección, durante el resto de la temporada se formarían alrededor de 9 tormentas con nombre, de las cuales solo 4 podrían convertirse en huracanes y solo 1 alcanzaría la categoría de huracán mayor.
Más allá del número de tormentas que puedan formarse, la preparación continúa siendo la herramienta más importante para reducir riesgos. La planificación, la educación de la población y el fortalecimiento de la infraestructura son elementos esenciales para enfrentar una amenaza que, aunque pueda variar en intensidad de un año a otro, nunca desaparece completamente.

Luz E Torres Molina, PhD - Ingeniera civil, Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Santander, Colombia
Master of Science (MSc), Environmental and Water Resources, Universidad de Puerto Rico (UPRM)- Puerto Rico
Doctor of Philosophy (PhD,) Environmental and Water resources, Universidad de Puerto Rico (UPRM) – Puerto Rico
Profesora de Ingeniería Civil, Universidad Ana G Méndez- Gurabo Campus- Puerto Rico