El balance del terremoto y los empresarios
El artículo destaca las millonarias donaciones de empresarios tras el terremoto y cuestiona la narrativa que los presenta como opresores.
El artículo destaca las millonarias donaciones de empresarios tras el terremoto y cuestiona la narrativa que los presenta como opresores.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
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Por: Santiago Ospina López.
La semana pasada escribí sobre el otro balance del terremoto, el de la solidaridad. Hoy quiero detenerme en un capítulo de ese balance que a algunos les incomoda reconocer, el de los empresarios.
Durante años algunos sectores nos han vendido una narrativa muy rentable y populista, que el empresario es el máximo opresor del pueblo, un personaje malévolo que se llena los bolsillos únicamente con el sufrimiento de los demás. Es una historia fácil de contar, pero difícil de sostener con datos. Sin embargo, muchos caen en ella. Por eso es bueno empezar con los datos.
Según Confecámaras, más del 91% de las empresas del país son microempresas, y si sumamos pequeñas y medianas llegamos al 99,5%. Colombia es desde su sector privado, básicamente, un país de negocios familiares, emprendedores sin capital y sueños de individuos que viven de remar y pedalear. Me impresiona que las grandes empresas no alcanzan a ser ni al 1% del total de las empresas.
Entonces cuando alguien dice que “los empresarios” en Colombia, realmente está hablando de la señora de la tienda, del dueño del taller, del muchacho que montó una barbería o una marca de café, del que factura para pagar un par de sueldos y el suyo cuando “la rompe”. Meterlos a todos en el mismo saco del “billonario explotador” es una propaganda injusta con la realidad del país. Pero hay quienes les conviene ese relato.
Pese a esa masa, hablemos también de los grandes, porque esta semana se lo ganaron.
Ente esta triste situación del terremoto, menos de diez días Luis Carlos Sarmiento Angulo y su esposa donaron 200.000 millones. Proantioquia, otros 200.000 millones. Los Gilinski, 150.000 millones para hospitales y colegios de Cali. La familia Santo Domingo, 100.000 millones. David Vélez y Mariel Reyes, 100.000 millones con foco en el Chocó. Una empresa que pidió que no revelaran su nombre, 100.000 millones más. Y más de cien compañías afiliadas a la ANDI que en su congreso reunieron por encima de 201.000 millones. Grandes esfuerzos económicos hicieron también celebridades públicas como Shakira, J Balvin y Jhon Arias.
Hablamos de mucho más de medio billón de pesos, sin contar camiones, alimentos, medicinas ni las decenas de empresas que aportan sin comunicado. Para dimensionarlo, la suma de esfuerzo de los más ricos del país apenas se acerca al presupuesto de 1 año de RTVC, la televisión pública que tanto se usó para vendernos relatos en el gobierno pasado.
Y es clave destacar que a esos empresarios nadie los obligó. Ya pagan impuestos, y no son pocos, con una de las tarifas de renta corporativa más altas de la región. Podían haber mandado un comunicado de condolencias, ahorrarse decenas de millones de dólares, y seguir en lo suyo. En cambio, se volvió casi una competencia por ver quién la tiene más larga (la billetera) y a mí esa competencia me parece la más sana que ha tenido este país en mucho tiempo. No escribo esto para quedar bien con nadie, dudo que alguno de ellos lea incluso por error alguna de mis columnas en el Diario del Huila. Pero sí lo hago porque una sociedad que solo señala y nunca reconoce termina educando a sus ricos para que se escondan, y no para que aporten.
Ahora, el contraste. Los mismos que durante cuatro años nos repitieron que el enemigo era el que produce, los que cobran sueldos de decenas de millones pagados con los impuestos de todos, esos sí que aparecieron poco. Se reunieron, en teoría, para hablar de cómo ayudar, y terminaron criticando a los que sí ayudaron. Y el pueblo no es bobo, estamos tomando nota señores.