Café santandereano se convierte en la una segunda oportunidad para la reconciliación
Nilson Durán convirtió el café orgánico de San Gil en un emprendimiento que representa una segunda oportunidad tras su paso por prisión.
Nilson Durán convirtió el café orgánico de San Gil en un emprendimiento que representa una segunda oportunidad tras su paso por prisión.
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En las montañas de San Gil, una familia encontró en el café algo más que una fuente de ingresos: una manera de reconstruir su futuro. Detrás de la marca Oh La La está Nilson Durán Durán, un expolicía que, después de pasar cinco años en prisión, decidió apostarle a un nuevo proyecto de vida. Hoy recorre Santander con una maleta cargada de café orgánico, clientes por conquistar y una historia que demuestra que la reconciliación también puede cultivarse grano a grano.
Nilson viaja en bus desde San Gil hacia Bucaramanga, Barrancabermeja y otros municipios del departamento. En su equipaje lleva bolsas de café recién molido que ofrece a comerciantes y consumidores, mientras busca abrirse camino en un mercado competido. No tiene todavía el local propio con el que sueña, pero cada venta representa un paso hacia esa meta.
Su emprendimiento nació hace aproximadamente dos años y medio, a partir de una conversación con su hija sobre el nombre que llevaría el negocio familiar. La expresión francesa Oh La La terminó convirtiéndose en una marca que recoge la sorpresa de descubrir nuevas posibilidades después de una etapa difícil y la ilusión de comenzar de nuevo.
“Este café, que es orgánico, sabe a segundas oportunidades, sabe a nuestra tierra, sabe a familia”, cuenta Nilson.
La frase resume el sentido de un proyecto que va más allá de comercializar un producto. En cada bolsa hay una apuesta por el trabajo, la autonomía económica y la posibilidad de construir un futuro distinto. El café, cultivado en tierras de San Gil, se convirtió en el punto de encuentro entre una tradición agrícola santandereana y una historia personal marcada por la búsqueda de nuevas oportunidades.
Nilson es expolicía y participa en el proceso de acompañamiento de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) a comparecientes de la Fuerza Pública ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Después de su paso por prisión y de acogerse a este proceso, encontró en el emprendimiento una alternativa para reorganizar sus proyectos personales y familiares.
La reconciliación, en su caso, también se expresa en decisiones cotidianas: aprender, trabajar, tocar puertas y asumir el reto de sacar adelante un negocio. No es un camino que se resuelva de un día para otro. Requiere disciplina, oportunidades y la posibilidad de convertir las intenciones de cambio en acciones concretas.
En ese recorrido, el acompañamiento de la ARN ha contribuido a fortalecer las capacidades de Nilson. Las capacitaciones y la participación en ferias de emprendimiento le han permitido adquirir conocimientos, presentar su producto ante nuevos públicos y reconocer que aquella idea conversada en familia puede convertirse en una iniciativa comercial con posibilidades de crecimiento.
“Estoy muy agradecido con la ARN porque me ha ayudado a mostrar mi sueño. Antes era una idea y ahora puedo verlo como un proyecto real”, afirma.
Conseguir clientes, mantener las ventas y lograr que una marca poco conocida encuentre su espacio son algunos de los desafíos que enfrenta. Por eso, cada viaje desde San Gil tiene un doble propósito: vender café y acercarse al sueño de contar con un establecimiento propio, un lugar donde pueda recibir a sus compradores sin depender de los recorridos por carretera.
Mientras llega ese momento, Oh La La sigue abriéndose paso por Santander. Su historia conecta el valor de la producción local con una dimensión menos visible, pero fundamental, de los procesos de reconciliación: la oportunidad de recuperar la confianza en el futuro mediante el trabajo y la construcción de nuevas metas.
En una región donde el café forma parte de la identidad rural, el emprendimiento de Nilson aporta un significado adicional a cada taza. Su producto habla de la tierra que lo vio nacer, de una familia que decidió apostar por una idea y de un hombre que busca que su pasado no sea el único relato posible sobre su vida.
Porque la reconciliación también necesita oportunidades para echar raíces. Y en las manos de Nilson Durán, esas oportunidades tienen aroma a café santandereano, sabor a familia y nombre propio: Oh La La.