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Bienvenida la esperanza

La nueva administración despierta esperanza por su enfoque en seguridad, institucionalidad y reactivación económica, junto con señales iniciales de respeto al Estado de Derecho.

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La llegada de un nuevo gobierno necesariamente genera expectativa sobre lo que planteará efectivamente al entrar en funciones y sobre lo que realmente logrará de sus anuncios de campaña.

Por: William Zambrano

En el caso de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo sus primeras declaraciones y acciones coinciden con el programa propuesto a los electores y con los ejes de su propuesta centrada en la seguridad, el respeto de las instituciones, la reactivación económica, los valores republicanos y el restablecimiento de la confianza en el país. 

Mucho se discutirá seguramente durante varias semanas sobre la pertinencia y conveniencia o no de algunos énfasis y de los símbolos utilizados en el acto de posesión. Pero hay un hecho innegable:  se respira un nuevo aire y hay una sensación de esperanza que contrasta con el pesimismo, la angustia y desazón que se vivía hace apenas unas semanas con el anterior gobierno enredado en controversias diarias, denuncias  de corrupción  permanentes  desde sus propias filas  y en una agenda que en muchos aspectos parecía la receta del fracaso, marcada por decisiones irracionales, antitécnicas, centradas en la ideología y en narrativas alejadas de las realidades y de las evidencias. 

La esperanza por supuesto no es sinónimo de complacencia o de ingenuidad y seguramente ella se transformará con rapidez en exigencias para el nuevo gobierno más allá del compás de espera y del margen de maniobra que debe dársele lealmente para implementar sus políticas. Tuvo razón en este sentido el presidente del Congreso, en su muy buen discurso, en evidenciar los inmensos retos a los que se enfrentará la nueva administración y en destacar la importancia de una relación respetuosa entre los poderes públicos, así como  en la necesidad de hacer coincidir en lo fundamental a  las diferentes fuerzas representadas en el Congreso  y en general en la sociedad hacia objetivos claros  en la búsqueda de consensos construidos con el liderazgo de un presidente consciente de su papel como símbolo de la unidad nacional.

Los apartes del discurso del presidente de la República  en los que precisamente aludió a ese carácter  de su función y en los que de manera inequívoca afirmó su  creencia en el Estado de Derecho, en el papel del Congreso, de las altas Magistraturas y en general de los Jueces, así como  de los órganos de control, unido a su contundente mensaje para rechazar cualquier  posible instrumentalización de los mecanismos de reforma constitucional, a lo que se suman los primeros anuncios de apoyo internacional y de cooperación con los principales  socios comerciales  de Colombia, reafirman la idea de que hay razones para ser optimistas frente al futuro.

Bienvenida pues la esperanza de la mano del presiente y del vicepresidente -cuyas actitudes y mensajes refuerzan sin duda ese sentimiento-, y de los nuevos ministros y directores de departamento administrativo, encargados de enfrentar  la compleja agenda que se avecina para reordenar el Estado, apoyados por  los demás servidores del orden nacional en sus diferentes ámbitos de competencia;  así como también de la mano de los gobernadores y alcaldes de todo el país convertidos en protagonistas de un renacer del ideario constitucional de 1991 en materia de descentralización y autonomía territorial  y que emerge como una de las primeras pruebas de fuego para demostrar que no se  está frente a un mero discurso sino a una verdadera voluntad de comenzar a transformar el ejercicio del poder.