Otra vez los antioqueños se quedan con los altos cargos
Santander denuncia pérdida de representación en altos cargos y en la junta directiva de Ecopetrol, mientras persisten graves atrasos en vías y obras estratégicas.
Santander denuncia pérdida de representación en altos cargos y en la junta directiva de Ecopetrol, mientras persisten graves atrasos en vías y obras estratégicas.
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El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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El departamento de Santander colocó ochocientos cuarenta y un mil (841.000) votos para elegir al presidente Abelardo de la Espriella, pero no podemos estar satisfechos con el reparto de las cuotas burocráticas que desde la administración central le han asignado a los sectores gremiales y políticos, que un día contribuyeron con la creación de la Empresa Colombiana de Petróleos, en cuya junta directiva hemos perdido una vez más nuestra representación.
La clase dirigente de Santander ha perdido su liderazgo desde la segunda mitad del siglo pasado, por la maldita envidia que se da silvestre en nuestro departamento, porque de cualquier manera hacen tabla rasa con el honor y la dignidad de las grandes figuras nacidas en esta zona del oriente colombiano, donde como decía el escritor Aurelio Martínez Mutis, “hasta los laureles tienen espinas”.
Los gremios económicos de Santander lamentan que la cuota parlamentaria de este departamento sea dispersa y envidiosa. Los héroes que hicieron parte de la Revolución de los Comuneros en 1781, en las poblaciones de Charalá, Ocamonte, San Gil de la Nueva Baeza, El Socorro y el Puente Real de Vélez, sacrificaron sus vidas en la batalla del Río Pienta, donde fueron masacrados los campesinos que, machete en manos, piedra y garrotes, pagaron con sus vidas el precio de la libertad.
El departamento de Santander, -- que se jacta de tener una clase dirigente poderosa y ejemplar, una ‘gente brava y berraca’ que ha aportado sangre, dolor y lágrimas también en la famosa ‘Guerra de los Mil Días’, agita el tremolar de las banderas de la democracia, pero ha sido cobarde a la hora de reclamar por los derechos de las nuevas generaciones que se asoman al horizonte del poder.
Los antioqueños volvieron a ganar espacios democráticos en el gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, con el nombramiento de tres ministros, que tendrán prelación en el reparto del presupuesto nacional.
Nuestras carreteras nacionales están destrozadas y solamente quedan unos caminos de herradura, por donde deben circular los vehículos automotores. Las obras públicas, que se programaron hace varios años en las ciudades de San Gil y El Socorro, para mejorar la malla vial sigue siendo una vergüenza, por la baja calidad de su mantenimiento. La carretera Los Curos – Málaga, por la trocha del Cerro de la Judía, sigue esperando la ampliación y pavimentación.
La Ruta del Cacao, entre Barrancabermeja, San Vicente de Chucurí, Betulia, Zapatoca, La Fuente, Galán – Barichara, sigue siendo un canto a la bandera. La lucha por la seguridad desvió recursos hacia otras regiones del país. Las estaciones de peaje, instaladas en Curití, Oiba y Saboya, se quedaron una vez más, estos cuatro años, mirando al cielo, para mejorar las carreteras del oriente colombiano.
Los campos petroleros del Platero en Puerto Wilches; de Campo Coyote en San Vicente de Chucurí; del Río Opón, en la zona del Carare; quedaron bloqueados durante el gobierno de Gustavo Petro Urrego, que hizo más daños que un mico en una cristalería, para impedir la perforación de las capas tectónicas, utilizando el ‘Fracking’ que le dará vida al departamento de Santander, donde el petróleo sigue siendo una fuente de riqueza para nuestro departamento y para el país. En la junta directiva de Ecopetrol volvieron a mandar los antioqueños, mientras los santandereanos fueron excluidos de su junta directiva, por la falta de liderazgo político en nuestro departamento.