Un vistazo a los riesgos naturales del Cañón del Chicamocha
El Cañón del Chicamocha revela depósitos y flujos de escombros que evidencian su morfodinámica y los riesgos de inundaciones y avenidas torrenciales.
El Cañón del Chicamocha revela depósitos y flujos de escombros que evidencian su morfodinámica y los riesgos de inundaciones y avenidas torrenciales.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
··········
········
Al contemplar el Cañón del Chicamocha se experimenta fascinación y curiosidad, al igual que magnificencia por su paisaje e insignificancia por nuestra efímera presencia humana. Los sentimientos que nos invaden al observar un paisaje natural o uno artificial (urbano) son diferentes. Al sumergirnos en un entorno natural, brota la necesidad imperiosa de comprender su dinámica, sea por curiosidad o por necesidad de supervivencia. Intentar comprender nuestro entorno natural, al menos intuitivamente, es fundamental para identificar sus ventajas y riesgos, pero comprenderlo de manera científica, proporciona una concepción amplia de su pasado y ayuda a entender su relación e importancia con nuestro propio futuro.
En ese ejercicio de contemplación y comprensión de los diversos elementos paisajísticos del cañón, muy seguramente en algún momento, nuestra atención termina dirigida hacia esos afluentes o drenajes que vierten sus aguas y materiales de arrastre al río Chicamocha. En sus desembocaduras reconocemos la formación de depósitos pedregosos, los cuales se abren progresivamente para crear una figura similar a un cono. Incluso podemos reconocer varios flujos superpuestos de estos depósitos, los cuales técnicamente se denominan en la literatura especializada (según diferentes criterios): conos de deyección, abanicos aluviales o conos de talus. Estos depósitos representan vestigios de algunos movimientos de materiales recientes, los cuales tienen la capacidad de obstruir el flujo principal del río, generando el correspondiente represamiento de sus aguas.
Esos fenómenos naturales, ceñidos a los canales de los citados drenajes, nos enseña parte de la morfodinámica del territorio, es decir, nos muestra las respuestas históricas de esos segmentos del paisaje, debido a la interacción entre sus formas del relieve y los procesos modificadores del mismo. Ser conscientes de la recurrencia de esos fenómenos es una tarea colectiva necesaria, debido a las posibles afectaciones derivadas de esos flujos de escombros, en caso de ser activados por lluvias extremas o actividad sísmica (por ejemplo, desencadenando inundaciones criticas o avenidas torrenciales aguas bajo).
Llamar la atención sobre estos aspectos no es un ejercicio para sembrar miedos o pensamientos lóbregos, más bien es una necesidad encaminada a sembrar sentido de control. Y también para intentar evitar los eventuales impactos perniciosos, derivados de nuestra ignorancia sobre la morfodinámica del territorio.
El Cañón del Chicamocha reúne una serie de características naturales para logar su reconocimiento como Geoparque Mundial de la UNESCO. Sin embargo, esto requiere una articulación intersectorial y un trabajo conjunto entre las comunidades del territorio y los entes públicos y privados. Más que una tarea para conquistar un logro para presumir, lo que nos debe animar es el estilo de esa dinámica colectiva que implica ser Geoparque UNESCO: un territorio con sitios y paisajes de importancia geológica internacional, con riqueza biológica y cultural, gestionado desde un concepto de protección, educación y desarrollo sostenible, y desde el compromiso colectivo de hacer frente a la disminución de los riesgos asociados a los desastres socionaturales y el cambio climático.
*Luis Carlos Mantilla Figueroa en colaboración con Joaquín Andrés Valencia Ortiz.