Señor Empresario
El artículo defiende la importancia del arroz en Colombia y critica la propuesta de sustituirlo por marañón, pidiendo apoyo financiero y protección para productores.
El artículo defiende la importancia del arroz en Colombia y critica la propuesta de sustituirlo por marañón, pidiendo apoyo financiero y protección para productores.
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El arroz, es originario de la China, desde hace 9.000 años, cultivado en los valles del rio Yangtsé, de ese país. A Europa, llega, pisando primero a Grecia, por allá en el año 320 AC, en las cartucheras de Alejandro Magno. Los árabes o moros, lo llevan a España, durante la edad media. Cristóbal Colón, lo trajo a América, en 1493, pero no fueron capaces de cultivarlo, “se les quemó el arroz”.
Los verdaderos “ángeles”, que introdujeron el arroz a América, fueron las pobres esclavas negras, que llegaron con sus semillas de arroz, escondidas en las trenzas de su cabellera y sus conocimientos de siembra y preparación, escondidos en su alma, cerebro y corazón. En Colombia se cultiva, desde la época de la colonia, destacándose principalmente en Mariquita (Tolima) desde 1580. En 1908, en las colonias penales, de los llanos orientales, en el gobierno de Rafael Reyes, se extienden grandes producciones de arroz, en Acacias (Meta), que fueron desplazadas, con la entrada de colonos particulares.
El arroz, es y será, fuente alimenticia, no solo de América, sino de todo el planeta azul. El promedio de consumo anual por persona es: En Panamá, 70 kilos, porque comen poca papa y poca yuca. En Perú, 65 kilos, ya que consumen poca papa. En Cuba, son 50 kilos; es lo único que hay de comida racionada. En Colombia, el consumo es de 46 kilos, con bastante papa, yuca, huevos, gallina, etc.
Como se observa, no se le puede decir al pueblo colombiano, que no coma arroz, y en cambio meta Marañón, que la mayoría de los habitantes no sabe que es. Es una fruta. En Colombia, donde el arroz se cultiva, en todo el territorio, tiene a sus agricultores y molineros, en una crisis económica de alta gravedad. Pero la solución no es dejar de sembrar, como lo expuso el despistado ministro de agricultura, Indalecio Dangond Baquero, que seguramente, lo nombraron por ser tío del cantante Silvestre Dangond o por su segundo apellido Baquero, que tal vez lo lleva al campo, más enredado que Donald Trump, hablando de socialismo, o porque canta la canción de Noel Pedro “ahora sembramos el marañón, para que coma don Simón”. Como se le ocurre al ministro decir, no siembren arroz, sino marañón, cuando es pasar una cosecha de unos meses, para un mercado de 50 millones a sembrar una mata que dura cinco años, y se lo comen cinco mil personas.
Ministro, lo que se debe hacer, implementar una política de ayuda financiera, de mercadeo, con precios de sustentación, como se hace con el café y el cacao. Ministro, se debe implementar la seguridad, para que no entre contrabando y se negocie los tratados de libre comercio. Ministro, usted sabe que unas empresas, cuyos fondos son de dudoso origen, hacen que el precio no sea razonable, ni rentable, para mandar a la quiera a los demás hombres del comercio de este producto, el arroz. Ministro, esta salida, está más en falso, que un billete de ciento treintaicinco mil doscientos pesos, del banco de Sangre.
*Contador público - Asesor empresarial