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Santander, la potencia palmera del país espera un nuevo impulso del gobierno De la Espriella

Santander, con 98.155 hectáreas de palma y más de 42.000 empleos, espera que los compromisos del Gobierno impulsen productividad, renovación de cultivos y sostenibilidad del sector.

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Con casi 100.000 hectáreas sembradas, más de 42.000 empleos y el 14,1 % de la producción nacional de aceite de palma, Santander tiene razones para mirar con especial interés los seis compromisos anunciados por el Ministerio de Agricultura para fortalecer la productividad, la financiación, la renovación de cultivos, la investigación y la sostenibilidad de esta agroindustria.

 

Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE

El anuncio fue realizado por el ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, durante una jornada de trabajo con representantes de Fedepalma, Cenipalma y de los Fondos Parafiscales Palmeros donde el Gobierno planteó una hoja de ruta para una actividad que reúne a más de 8.000 productores en Colombia.

“Queremos más productividad por hectárea, mayor eficiencia hídrica, mejores prácticas ambientales, mayor adaptación al cambio climático y una palmicultura competitiva”, señaló el ministro.

Para Santander, el anuncio tiene un peso particular. De acuerdo con las cifras de Fedepalma correspondientes a 2024, el departamento contaba con 98.155 hectáreas sembradas de palma de aceite, de las cuales 83.571 estaban en producción y 14.584 en desarrollo. Ese mismo año produjo 242.719 toneladas de aceite de palma crudo y generó 42.908 empleos, entre 17.163 directos y 25.745 indirectos.

La dimensión económica de la actividad se refleja también en la estructura empresarial del sector. Santander registraba 1.254 palmicultores, de los cuales 754 eran productores de pequeña escala, 475 medianos y 18 grandes. El departamento contaba además con nueve plantas extractoras vinculadas a la cadena palmera y 12 municipios con presencia de la actividad.

En otras palabras, la palma no es simplemente otro cultivo dentro del inventario agrícola santandereano. En buena parte del Magdalena Medio constituye una cadena agroindustrial completa, que comienza en las plantaciones y continúa con la cosecha, el transporte de los racimos, la extracción del aceite, los servicios técnicos, la comercialización y las actividades logísticas.

Puerto Wilches y Sabana de Torres son dos de los principales corazones de esa economía. Datos de Fedepalma sobre el comportamiento productivo de la Zona Central muestran que para el primer semestre de 2025 Puerto Wilches tenía 43.077 hectáreas sembradas y Sabana de Torres 24.363. A estas áreas se suman las correspondientes a la subzona Sur de Santander, estimada en 26.000 hectáreas.

La importancia de Santander también puede observarse en el mapa de la producción histórica. La caracterización territorial de la UPRA identificó a Puerto Wilches, Sabana de Torres y Barrancabermeja como los principales municipios productores del departamento, mientras que otros municipios como San Vicente de Chucurí, Rionegro, Puerto Parra y Simacota completan el corredor palmero santandereano.

 

Una economía que se mueve alrededor de la palma

El impacto de la palma trasciende el número de hectáreas sembradas. Cada ciclo de cosecha activa trabajadores, transportadores, talleres, proveedores de maquinaria, comercializadores de insumos, técnicos agrícolas y plantas de beneficio. En Santander, los 42.908 puestos de trabajo reportados para 2024 permiten dimensionar esa cadena. Son empleos que se distribuyen entre las labores directamente relacionadas con el cultivo y una extensa red de actividades indirectas.

El panorama nacional confirma la importancia laboral de esta agroindustria. Fedepalma reportó que en 2024 la palma generó 233.214 empleos directos e indirectos en Colombia, de los cuales 93.286 fueron directos. Además, el gremio señala que una proporción importante de los trabajadores directos desarrolla labores operativas en los cultivos y plantas de beneficio.

 

El músculo exportador también cuenta

La apuesta del Gobierno llega en un momento de expansión de la industria palmera colombiana. En 2025 el país produjo 1,93 millones de toneladas de aceite de palma, un récord histórico y un crecimiento del 12 % frente a 2024. Las exportaciones de aceite de palma crudo aumentaron 53 %, al pasar de 382.000 toneladas en 2024 a 583.000 toneladas en 2025.

La Zona Central, donde se encuentra Santander, constituye además uno de los principales motores de esa industria. Fedepalma reporta para la zona 219.835 hectáreas sembradas, 103.560 empleos y 4.806 palmicultores. Dentro de esta región se encuentran las subzonas de Puerto Wilches, Sabana de Torres, Sur de Santander, Norte de Santander, Sur de Bolívar y Sur del Cesar.

El crecimiento de la producción también ha venido acompañado de mayores exigencias de eficiencia. Durante el primer semestre de 2025, la productividad de la Zona Central aumentó 13,7 % frente al mismo periodo del año anterior. En Puerto Wilches el incremento fue del 15 %, mientras que Sur de Santander registró una variación positiva del 17 %. Sabana de Torres, en contraste, presentó una reducción del 9,5 %, asociada, según el análisis sectorial, a lluvias excesivas, plagas y envejecimiento de los cultivos.

Precisamente ahí aparece uno de los puntos donde los anuncios del Ministerio pueden tener mayor relevancia para Santander.

 

Renovar para producir más

Uno de los seis compromisos anunciados por el ministro Dangond consiste en trabajar con Finagro y el sistema financiero para mejorar las condiciones de crédito, fortalecer instrumentos como el Incentivo a la Capitalización Rural, el seguro agropecuario y el Fondo Agropecuario de Garantías, con el objetivo de facilitar la renovación de 185.000 hectáreas envejecidas en el país.

Para un departamento como Santander, donde Fedepalma ya identifica envejecimiento como uno de los factores que afectan el desempeño de algunas plantaciones, la posibilidad de acceder a financiación para renovar cultivos puede convertirse en una herramienta para recuperar productividad.

No se trata únicamente de sembrar más palma. Se trata de producir más en las áreas existentes, reducir riesgos, mejorar los rendimientos y mantener la actividad económica alrededor de los cultivos durante las próximas décadas.

La palma de aceite tiene, además, una particularidad frente a otras oleaginosas: Fedepalma la identifica como la oleaginosa más productiva del mundo y señala que una hectárea puede producir entre seis y diez veces más aceite que otras alternativas. ([Fedepalma][7])

 

El desafío ambiental

El segundo gran frente para Santander es la sostenibilidad. El Gobierno anunció que buscará incorporar estándares obligatorios de sostenibilidad ambiental, social y productiva para toda la cadena de valor de la palma dentro del Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030. También anunció mayor eficiencia hídrica, adaptación al cambio climático y transferencia de tecnología.

Para un departamento atravesado por los ríos Magdalena, Sogamoso y numerosos sistemas de humedales y ciénagas en el Magdalena Medio, este componente será especialmente relevante.

La productividad futura de la palma dependerá no solamente de la cantidad de hectáreas sembradas, sino de la capacidad para manejar el agua, enfrentar períodos de exceso o déficit de lluvias, controlar enfermedades y utilizar tecnologías que permitan producir más con menores impactos ambientales.

Otro de los compromisos anunciados es fortalecer la transferencia de tecnología, investigación y conocimiento directamente en las regiones. Santander cuenta en este campo con una ventaja estratégica: el Campo Experimental Palmar de la Vizcaína, de Cenipalma, ubicado en la región palmera de Barrancabermeja, que ha permitido desarrollar investigaciones sobre diversidad genética de la palma y conservar material de Elaeis guineensis y Elaeis oleifera.

El reto consiste ahora en que ese conocimiento llegue con mayor velocidad a los pequeños y medianos productores. Esto resulta particularmente importante si se tiene en cuenta que el 60,1 % de los palmicultores registrados en Santander corresponde a pequeños productores. La estructura del sector departamental muestra, por tanto, que el futuro de la palma no depende exclusivamente de las grandes plantaciones. También está en manos de cientos de productores de menor escala que necesitan financiación, asistencia técnica, tecnología y acceso a mercados.

La estrategia muestra, además, que el Gobierno está concibiendo la palma no solamente como un cultivo agrícola, sino como una cadena relacionada con empleo rural, exportaciones, industria y seguridad energética.

Colombia cerró 2025 con 1,93 millones de toneladas de aceite de palma producidas, mientras las ventas de exportación de aceite crudo alcanzaron 583.000 toneladas. El comportamiento confirma que la palma dejó de ser exclusivamente un producto destinado al mercado interno y se consolidó también como una actividad agroindustrial con capacidad exportadora.