Pantallas bajo la lupa: las alertas sobre la salud mental de niños y adolescentes
El uso excesivo de pantallas en niños y adolescentes puede afectar atención, sueño y bienestar emocional.
El uso excesivo de pantallas en niños y adolescentes puede afectar atención, sueño y bienestar emocional.
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El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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La presencia de celulares, videojuegos y redes sociales en la vida cotidiana de niños y adolescentes plantea nuevos desafíos para la salud mental. Aunque la tecnología se ha convertido en una herramienta habitual de comunicación, entretenimiento y aprendizaje, su utilización excesiva puede tener consecuencias en el desarrollo cognitivo y emocional de los menores, especialmente durante una etapa en la que el cerebro todavía está madurando.
Así lo explica Jeffrey González Giraldo, médico psiquiatra, especialista en adicciones y salud pública, vocero de Heel Colombia, quien advierte sobre los riesgos asociados al uso prolongado de pantallas y la necesidad de que padres de familia, instituciones educativas y autoridades comprendan mejor este fenómeno.
Según el especialista, uno de los aspectos que merece mayor atención es el posible impacto sobre las funciones ejecutivas del cerebro, un conjunto de capacidades que intervienen en procesos como la memoria, la atención, la planeación, el cálculo y el control de la impulsividad.
Estas habilidades son fundamentales para el aprendizaje, la toma de decisiones y la regulación del comportamiento. Durante la adolescencia, cuando el cerebro continúa desarrollándose, el uso excesivo de dispositivos digitales puede convertirse en un factor de riesgo que debe ser vigilado.
González Giraldo señala que la preocupación es particularmente importante en adolescentes y menciona que algunas investigaciones han identificado efectos relevantes en población femenina. Sin embargo, advierte que las dificultades cognitivas no pueden atribuirse exclusivamente a las pantallas, pues intervienen otros factores relacionados con los hábitos de vida y el entorno.

Atención, memoria y rendimiento escolar
El consumo constante de contenidos digitales, especialmente videos breves y publicaciones diseñadas para captar rápidamente la atención, ha despertado inquietudes sobre la capacidad de los jóvenes para mantener la concentración y retener información.
Aunque las dificultades de atención y memoria pueden tener múltiples causas, el especialista considera que el uso excesivo de pantallas puede contribuir a este problema. A ello se suman otros factores, como los trastornos del sueño, el sedentarismo y los hábitos alimentarios poco saludables.
La relación entre estos comportamientos puede convertirse en un círculo perjudicial. Un adolescente que pasa demasiado tiempo frente al celular puede reducir sus oportunidades de practicar deporte, descansar adecuadamente o participar en actividades que antes disfrutaba.
Por esta razón, González Giraldo considera que las familias deben observar los cambios en el comportamiento cotidiano de sus hijos y no concentrarse únicamente en la cantidad de horas que permanecen conectados.
Entre las principales señales de alerta están las dificultades en el estudio, las alteraciones del sueño y la pérdida de motivación para realizar actividades que anteriormente despertaban interés.
El psiquiatra aclara que no existe un tiempo universalmente establecido que permita determinar, por sí solo, cuándo el uso de pantallas se convierte en un problema. La clave está en identificar si la actividad digital empieza a interferir con el funcionamiento diario del menor.
Depresión, aislamiento y riesgos emocionales

Las consecuencias del uso excesivo de dispositivos no se limitan al rendimiento académico. También existe preocupación por su relación con la salud emocional de niños y adolescentes.
El especialista de Heel Colombia menciona asociaciones entre el uso problemático de pantallas y dificultades como la depresión, los sentimientos de soledad y, en determinados contextos, la ideación suicida. Estas relaciones deben analizarse con cuidado, pues no significan que las redes sociales provoquen necesariamente estos problemas en todos los usuarios.
Sin embargo, sí representan motivos para prestar atención a los cambios emocionales y conductuales de los menores, particularmente cuando se combinan con aislamiento, alteraciones del sueño o pérdida de interés por las actividades cotidianas.
Para los padres, el desafío consiste en reconocer cuándo el uso de la tecnología deja de ser una actividad recreativa y comienza a desplazar otras necesidades fundamentales del desarrollo.
La conversación familiar, el acompañamiento y la detección temprana de señales de malestar son herramientas importantes para evitar que estas dificultades avancen sin recibir atención.

Regular, no prohibir
Frente a las iniciativas de diferentes países para establecer límites al acceso de menores a las redes sociales, González Giraldo considera que la regulación puede ser una herramienta útil, pero no debe confundirse con la prohibición absoluta.
El especialista sostiene que las medidas restrictivas, por sí solas, no han demostrado ser una respuesta suficiente frente a los comportamientos adictivos. Además, considera que las redes sociales, los videojuegos y las nuevas tecnologías seguirán formando parte de la vida cotidiana.
Por ello, plantea la necesidad de fortalecer la educación digital para que padres, profesores y adolescentes aprendan a utilizar estas herramientas de manera responsable, identifiquen los peligros y reconozcan oportunamente las señales de un uso problemático.
Esta formación también implica establecer límites en casa, supervisar los contenidos que consumen los menores y procurar que el tiempo conectado no sustituya el descanso, el ejercicio físico, las relaciones presenciales o las responsabilidades académicas.
El reto comienza en la infancia
La edad de inicio también genera inquietudes entre las familias. Según González Giraldo, existen guías que recomiendan evitar las pantallas en menores de siete años y, después de esa edad, favorecer un uso supervisado por un adulto, con tiempos limitados.
El especialista aclara, no obstante, que tener contacto con un celular no significa que un niño necesariamente desarrollará dificultades cognitivas. El riesgo aumenta cuando el uso es excesivo y desplaza otras actividades importantes para su desarrollo.
Aunque reconoce que impedir por completo el acceso a los dispositivos resulta difícil en la sociedad actual, insiste en que los adultos tienen la responsabilidad de enseñar a los menores a utilizarlos correctamente.
Su recomendación es promover un uso razonable, establecer acuerdos familiares y acompañar a los niños en sus experiencias digitales, en lugar de dejar que la tecnología ocupe un lugar sin límites en sus rutinas.
González Giraldo también invita a los responsables de las políticas públicas y al sector educativo a involucrarse en esta tarea. A su juicio, los desafíos que plantea la era digital requieren una respuesta conjunta, capaz de combinar prevención, educación y atención oportuna. En una sociedad cada vez más conectada, el reto no consiste en alejar a los menores de la tecnología a cualquier precio, sino en enseñarles a convivir con ella sin comprometer su salud mental.