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Me libere

El perdón libera del resentimiento y evita que la herida controle la mente, el corazón y las acciones.

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El perdón libera del resentimiento y evita que la herida controle la mente, el corazón y las acciones.

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300 FPV (fe-poder-victoria). Luego de que alguien te hiere, viene un proceso bastante difícil, que empieza en la mente, luego pasa al corazón y posteriormente se concreta en la acción, en otras palabras, es un pensar, sentir y hacer.

En cuanto a la mente, comienzas a vivir un proceso de argumentación interior que no para y que en ocasiones cesa, pero al evocar un recuerdo sobre la persona ofensora, vuelven a llegar esas palabras o gestos que generan el sangrado de la herida. En ese ejercicio argumental, siempre somos los ganadores, por ello termina con la conclusión, “es que yo tengo la razón”.

El corazón podría terminar tan afectado como la mente, pues las emociones negativas invaden el cuerpo y si estabas alegre, hasta ahí llegó el sentimiento. Algunas personas podrían incluso sentir, dolor en el pecho, náuseas, irritación, etc.

Mente y corazón afectan nuestro interior, pero las acciones podrían generar que quien te hirió, reciba el castigo que consideras merece. A pesar de que los cristianos solemos decir: “La venganza es del señor”, en ocasiones hacemos el papel de Dios, tomando decisiones que se materializan en acciones de las que podríamos arrepentirnos.

La diferencia entre una persona que esta privada de la libertad y nosotros, podría ser unos cuantos segundos, los que tomó alguien para hacer justicia por mano propia o los que una persona dedicó a respirar y controlar su acción.

Luego de pasar por el proceso mente, corazón y acción, llegó producto de la oración, un encuentro casual, facilitado por café y torta de zanahoria, dos elementos cruciales en la resolución de conflictos. En medio de la tarde, conversamos, reconocimos nuestros errores, nos retractamos de cosas dichas en momentos de ira, nos pedimos perdón, lloramos, nos abrazamos y al final, me libere.

No es magia, es perdón; es la gracia de Dios, quien nos perdona una y otra vez, sin cansarse; perdonar es soltar una carga que no nos deja avanzar y cumplir el propósito de Dios para nuestra vida.

Una vez te liberas, la mente deja de argumentar; el corazón y tus emociones entran en un estado de gratitud por eso que estas sintiendo y tus acciones se convierten en actos de amor.

La herida que tenía no es comparable con las de aquellos que han perdido familia por causa de la violencia, con las de alguien que ha sido humillado o violentado, pero si con los vivido por Jesucristo, quien estando en la cruz manifestó: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, Lucas 23:34. ¿Hay algo peor que una muerte en la cruz?

Si Jesucristo pidió que nos perdonarán, hay que trabajar en ello y no seguir perdiendo tiempo, recibiendo las consecuencias de envenenarnos todos los días con el odio.

En Mateo 18:21-22 Pedro preguntó: ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? Jesús le respondió: No te digo que, hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Con esa declaración Jesús nos enseña que el perdón debe ser ilimitado, continuo y sin guardar rencor.

Si te calumnian en las redes, no contestes y alimentes más el odio, Dios lo sabe todo, de él nadie se burla y la vida no se trata de complacer a los hombres, sino de honrar a Dios con todo lo que hacemos. Así que estemos bien con Dios, aunque los santos y los hombres se arrechen.