La música dejo de ser un oficio y se convirtió en un algoritmo
La IA está sustituyendo la creación musical humana, reduciendo la música a un producto rápido y homogéneo, mientras crece el debate sobre su valor cultural y ético.
La IA está sustituyendo la creación musical humana, reduciendo la música a un producto rápido y homogéneo, mientras crece el debate sobre su valor cultural y ético.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
··········
········
Por: Corporación Amigos de Santander y Bucaramanga*
La IA genero un cambio en la música. Hoy es común escuchar composiciones generadas por algoritmos en emisoras de radio, supermercados, videos corporativos, campañas publicitarias, plataformas digitales en eventos deportivos. La sensación que esto produce en muchos músicos y amantes del arte es de tristeza, porque esa profesión construida sobre años de estudio y sensibilidad se desplazó por la inmediatez tecnológica.
Este desplazamiento surgió por la búsqueda de eficiencia económica y desvalorizo el trabajo humano, reduciendo la música a un producto de consumo rápido.
Detrás de una canción humana hay conocimientos de armonía, melodía, ritmo, instrumentación y producción. Un compositor dedica años a desarrollar una capacidad creativa. Además, la música está ligada a las emociones, a las experiencias de vida y a la identidad cultural de una sociedad.
Sin embargo, hoy una empresa puede escribir una instrucción en IA: crear una melodía alegre de treinta segundos para una campaña comercial y en pocos segundos obtiene un resultado, sin contratar músicos, intérpretes, arreglistas ni productores. Desde el punto de vista empresarial, la decisión es lógica: se reducen costos, se agilizan procesos y se obtiene un producto. Pero esa lógica financiera no coincide con la lógica cultural.
La IA y su capacidad de producir música proviene del análisis de millones de canciones elaboradas por seres humanos. Aprende de la creatividad acumulada durante décadas y la reorganiza para generar nuevas piezas. Por esta razón, numerosos artistas consideran injusto que una tecnología entrenada con su trabajo termine compitiendo directamente contra ellos.
Otro aspecto es la pérdida de identidad sonora. Cada vez más espacios públicos comienzan a parecerse entre sí. La música de un supermercado, de una sala de espera, de una campaña publicitaria o de un video institucional suena prácticamente igual. Todo es agradable, limpio pero impersonal y repetitivo.
La música dejo de ser una expresión artística para convertirse en un ruido de fondo.
Esto es evidente en el mundo de los jingles comerciales. Durante décadas existieron compositores especializados en crear melodías breves capaces de permanecer en la memoria. Muchos colombianos todavía recuerdan canciones publicitarias que acompañaron su infancia y que hoy forman parte de la memoria cultural del país.
Eran piezas sencillas, pero detrás de ellas existía talento, creatividad y comprensión del comportamiento humano.
Actualmente, gran parte de ese trabajo se sustituyó por sistemas automatizados.
No obstante, la historia demuestra que las nuevas tecnologías no eliminan completamente las profesiones artísticas; las transforman. La fotografía no acabó con la pintura, la televisión no destruyó la radio y el cine no hizo desaparecer el teatro. Lo que cambia es la manera en que las personas valoran aquello que consideran humano.
Es probable que en el futuro la música creada por personas adquiera un valor mayor. La audiencia buscará historias reales, emociones genuinas y conexiones que un algoritmo no podrá reproducir completamente. Porque una canción también es la biografía emocional de quien la compuso.
El verdadero desafío consiste en establecer límites éticos y reconocer que existen actividades cuyo valor no puede medirse únicamente en términos de velocidad, productividad y reducción de costos.
La sociedad debe preguntarse qué está dispuesta a sacrificar en nombre de la eficiencia. Si aceptamos que una obra artística vale lo mismo que un algoritmo que la imita, estaremos debilitando una parte esencial de nuestra identidad cultural.
La tecnología debe ser una herramienta que complemente el talento humano, Porque cuando una sociedad deja de valorar a sus artistas, tarde o temprano termina perdiendo su propia voz.
* Diego Sáenz