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La lección monetaria de Japón

Japón pasó de tasas negativas a un nuevo dilema: contener la devaluación del yen sin agravar costos internos, en medio de presiones globales y del carry trade.

La lección monetaria de Japón
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Japón pasó de tasas negativas a un nuevo dilema: contener la devaluación del yen sin agravar costos internos, en medio de presiones globales y del carry trade.

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 Por: Germán Eduardo Rodríguez Díaz*

De las tasas negativas al dilema del yen. En el marco del Foro Internacional Colombia - Japón: Cooperación, Sostenibilidad y Alianzas Estratégicas, y en la conmemoración de los 70 años de la Universidad de América, la reciente visita de la delegación de la Embajada de Japón abrió una reflexión oportuna sobre la economía global: cómo el país nipón pasó de cobrar por guardar dinero a enfrentar los complejos límites de la política monetaria contemporánea.

Tras el Acuerdo Plaza de 1985 y la acelerada apreciación del yen, el Banco de Japón aplicó tasas de interés excepcionalmente bajas. La liquidez desmedida alimentó una gigante burbuja inmobiliaria y bursátil. Su colapso a comienzos de los noventa derivó en una «recesión de balances»: las empresas congelaron la inversión productiva para priorizar el pago de sus deudas, sumiendo al país en un prolongado y paralizante ciclo de deflación.

Para estimular el consumo y la inversión, la autoridad monetaria redujo sus tasas al 0 % en 1999 y, en un paso inédito en 2016, las fijó en –0,1 %. Esta penalización a las entidades financieras por mantener excesos de liquidez ociosos buscaba forzar la circulación del crédito, consolidando a Japón como el experimento de tasas de interés negativas más prolongado de la historia moderna.

El giro estructural llegó impulsado por la ola inflacionaria global. En marzo de 2024, el Banco de Japón abandonó el terreno negativo y, en septiembre de 2026, elevó su tasa al 1,25 %. Sin embargo, el amplio diferencial con las tasas de Estados Unidos incentivó la práctica del carry trade —donde los inversionistas se endeudan en yenes baratos para rentabilizar en dólares—, presionando la divisa japonesa hacia una marcada devaluación.

Para frenar la depreciación del yen, Japón recurrió a la venta masiva de bonos del Tesoro estadounidense, reduciendo sus tenencias en USD 66.800 millones solo en mayo de 2026. El impacto directo sobre los rendimientos de la deuda de Estados Unidos llevó a que, el 31 de julio de 2026, ambas naciones ejecutaran una inédita intervención conjunta en el mercado cambiario para estabilizar la divisa.

Hoy, Japón enfrenta un dilema doble: un yen débil favorece a sus grandes exportadores, pero encarece los alimentos y la energía, afectando el bolsillo de las familias. Analizar estos fenómenos globales desde la academia revalida el compromiso de la Universidad de América con la formación de pensamiento crítico frente a los grandes retos financieros internacionales.

*Docente de Economía de la Universidad de América.