Incierto futuro
El artículo cuestiona la polarización política, las campañas de desprestigio y la persistencia de la violencia armada que frenan la paz y el progreso en Colombia.
El artículo cuestiona la polarización política, las campañas de desprestigio y la persistencia de la violencia armada que frenan la paz y el progreso en Colombia.
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Por: Gabriel Ortiz
La gente pensante, los habitantes analíticos, expectantes y con cinco sentidos, penetran en los avatares que a diario se registran sobre este país que los vio nacer y espera una salvación que se ve cada vez más lejana, ante las actuaciones de quienes deberían ser los encargados de dar un vuelco a los manejos que le aplica una clase dirigente, que quiere busca las peores encrucijadas.
Hay quienes llegan solo a denigrar y desprestigiar los logros de sus antecesores. Casi todas las campañas electorales se montan con firmes propósitos de desprestigiar a los partidos y movimientos rivales, elevando sus promesas politiqueras con ofertas de lo divino y lo humano, que después incumplen.
Los derrotados, durante las votaciones, se apresuran a “colarse” en las filas ganadoras, sin honestidad alguna. Así las cosas, el ganador o los triunfantes, se ven precisados a montar implacables campañas contra sus adversarios. Según sus apreciaciones no encuentran nada para imitar o reconocer.
Los despechados utilizan todos los medios para defenderse y a manera de revancha, proceden a ataques brutales. A medias toman el nombre de oposición para obstaculizar y torpedear
Algunos exmandatarios honrados y audaces, que han sido pioneros de cambios, no se asustan con la llegada de sus sucesores, ni con aquellas iniciativas innovadoras y acompañan los progresos que ofrecen sus remplazos. Participan activamente en foros que denominan “gran comisión”, “foros bipartidistas” o simplemente mesas conjuntas.
Como quiera que cada vez los partidos, grupos políticos o movimientos se dividen, más y más, con metas pocas veces comprensibles, aparecen personajes con posturas y jefaturas que quieren ocupar la Casa de Nariño.
Día tras día, las izquierdas y las derechas quieren alcanzar las primeras magistraturas con grupos que, entre otras cosas, individualmente no piensan igual, y es así como ya no hay mayorías significativas en las urnas ganadoras.
Hay quienes quieren una paz que parece cada vez más esquiva. Unos la buscan aguerrida, otros a media marcha y otros con cambios que atesoren a su país de tranquilidad, justicia y libertad.
Estos últimos cada vez se sienten en el final de sus gestiones, porque Colombia se llenó de guerrillas narcotraficantes y politiqueras que, con pequeños grupos, armados hasta los dientes imponen su voluntad en zonas rurales y hasta en grandes ciudades -como fue el caso Santa Marta.
Lo más grave es que, para muchos, todo hay que arreglarlo con guerras totales. Lo vimos esta semana, durante la cual se amenazó a todo un país con un conflicto que enfrentara y acorralara a quienes querían vivir en paz, concordia, libertad y seguridad. Colombia merece un descanso y el conocimiento y disfrute de otra manera de sobrevivir. Ayudemos a esta sufrida nación.