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Ideología de género es una entelequia para generar miedos

La llamada “ideología de género” es un discurso político; los estudios de género sí explican desigualdades, violencias y discriminación.

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Por: María del Carmen Jiménez

La expresión “ideología de género” no es un concepto de pensamiento sino un discurso, inventado y usado por grupos ultraconservadores fanáticos como herramienta política para desestimar los estudios científicos sobre la diversidad sexual y la perspectiva de género.

Surgió como una consigna de confrontación política y religiosa. Ha sido utilizada en distintos países para cuestionar políticas de igualdad, educación sexual, prevención de la violencia basada en género y reconocimiento de derechos de personas LGTBIQ+.

 Se ha convertido en una entelequia para generar miedos y frenar los avances en equidad y diversidad. En esta narrativa usan un lenguaje apocalíptico al afirmar que reconocer la identidad de género destruirá la familia tradicional, el orden natural y las bases de la civilización, la usan para movilizar emociones primarias

Desde la investigación académica y las ciencias sociales no existe una teoría consolidada de “ideología de Género” Lo que si existe es un amplio campo interdisciplinario de estudios de género desarrollado durante décadas por especialistas en sociología, psicología, historia, antropología. derecho y filosofía para analizar cómo las sociedades construyen, roles, creencias expectativas, estereotipos, relaciones entre hombres y mujeres y otras identidades de género.

Los estudios de género no niegan la existencia del sexo biológico ni pretenden uniformar la experiencia humana. Su propósito es comprender cómo factores biológicos, culturales, históricos y sociales interactúan en la producción de desigualdades, oportunidades y formas de discriminación. Permiten a su vez explicar las brechas salariales, las múltiples violencias contra las mujeres, la distribución desigual del trabajo de cuidado y los obstáculos para el ejercicio pleno de derechos en sociedades patriarcales que naturalizan el aberrante machismo, la subordinación y la exclusión

Cuando se descalifican los estudios de género como amenaza, también se debilitan herramientas fundamentales para comprender fenómenos como el feminicidio, la violencia sexual, el acoso, las desigualdades laborales y la discriminación. El resultado puede ser la deslegitimación de investigaciones y políticas públicas formuladas para proteger derechos y prevenir violencias.

En Colombia la Constitución de 1991 reconoce la dignidad humana, la igualdad y el pluralismo como principios fundamentales, por ello, la discusión sobre género debería desarrollarse desde el respeto al conocimiento, la libertad de conciencia y el diálogo democrático. Defender los estudios de género no implica imponer una visión única de la sociedad, significa reconocer el valor de una categoría analítica que ha permitido comprender mejores realidades históricamente invisibilizadas.

La democracia necesita menos consignas y estigmatizaciones y más argumentos. Necesita menos miedo y más conocimiento. Cuando un concepto académico es sustituido por un slogan político, la primera víctima no es una corriente de pensamiento: es la posibilidad de que la ciudadanía tome decisiones informadas. Defender el rigor intelectual frente a la caricatura ideológica es, en última instancia, defender una sociedad donde las diferencias puedan discutirse con evidencia, respeto y libertad en lugar de ser reducidas a consignas que dividen y oscurecen el debate público.

Los estudios de género también enriquecen la educación enseñan a comprender la diversidad humana, reconocer las desigualdades y prevenir la discriminación y la violencia.