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Guainía, la región prístina

Guainía es un territorio amazónico prístino, poco conocido en Colombia, con gran riqueza hídrica y cultural, pero marcado por el aislamiento y la escasa presencia estatal.

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Al Guainía la conocen más los extranjeros. Sus paisajes, ríos y maravillas atraen poderosamente a productores de cine y televisión foráneos, a tal punto que es más visible en las pantallas internacionales que en las locales, por sus indómitos y ancestrales colores y fusión selvática.

Es más, la mayoría de los compatriotas saben muy poco de esta región. ¿Dónde queda exactamente?, ¿cuál es su capital?, ¿cuáles sus tesoros, problemática y fuentes de ingreso?

Esto, porque poco o nada se habla de esta región en el sistema educativo, que habla de las lluvias en el Chocó, la frontera de Leticia con Brasil, los indígenas de la Sierra Nevada, o la sal en la Guajira, entre otros. ¿Y Guainía?

Seguramente por su baja población (aproximadamente 60 mil personas) para un territorio con el 6 % del territorio nacional (uno de los más grandes); por la dificultad de llegar hasta Inírida (la más pequeña capital, que se llamaba Puerto Inírida cuando era comisaría, antes que Guainía pasara a ser departamento con la constitución de 1991), a la que solo se puede acceder vía aérea, o por río desde las cuencas que forman los afluentes del Guaviare y Vaupés; por el mínimo aporte a la economía (por cada 10 mil pesos que produce Colombia, Guainía aporta menos de 4 pesos, y su índice de desarrollo humano es uno de los más bajos); por la barrera cultural entre la patria mestiza versus cerca del 90 % de los nativos del Guainía que son indígenas (es el departamento indígena de Colombia); y por la ausencia de cadenas productivas d. Todo esto explica el divorcio entre la Colombia urbana y rural, de este territorio de Patria que representa un oasis prístino, remoto y todavía ausente de la conciencia nacional.

Un laudo arbitral de 1891, de la Reina María Cristina, de España, determinó que el Guainía era colombiano, y definió como frontera con Venezuela los ríos Guainía, Negro y Atabapo. Allí se consolidó la llamada Punta del Guainía, que mejor describe su ubicación, pues es el territorio que más estira al país hacia el oriente, donde se funde, en una frontera viva, con la selva y los ríos de Brasil, como una de las estrellas fluviales con mayor abundancia y riqueza hídrica del planeta.

En Puinave, uno de los más de 20 dialectos indígenas de allí (como curripaco, yurí, sikuani y tucano, entre otras), Guainía significa «tierra de muchas aguas». Sus ríos son las únicas vías de transporte. A su vez, Inírida significa «espejito de sol». Más del 90% del Guainía, que solo tiene un municipio -su capital- es selva amazónica primaria.

Las barreras naturales del Guainía con el resto del país la protegen de la explotación minera, turística e industrial, pero la apartan del Estado, la conectividad, la infraestructura, la inversión social y los servicios públicos. Es el departamento más “virgen” de Colombia en intervención humana, infraestructura, urbanización y transformación.

Es la región para disfrutar paisajes en su estado natural. Los Cerros de Mavecure son un espectáculo: Tres afloramientos de roca granítica, monolitos o inselbergs (islas de roca), que van desde los 170 metros el más bajo hasta 712 el más alto, con más de 1.600 millones de años de antigüedad. Estas rocas existían antes de los dinosaurios o de la separación de los continentes.

Aunque es muy difícil que en la base de estos cerros florezcan plantas, solamente allí se reproduce la bella y colorida Flor de Inírida, que no se marchita y que, incluso, después de ser cortada mantiene su estructura geométrica y su color, y que ha sido identificada como expresión de resistencia y misticismo. También llamada Flor Eterna, fue el símbolo de Colombia en la COP 16 o Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad, en 2024.

El Guainía es un tesoro, oculto para la propia patria, que están descubriendo los grupos armados ilegales para comenzar a contrabandear mientras contaminan ríos con mercurio para minería ilegal, y disputarse con otros bandoleros (llevándose la tranquilidad y vidas indígenas) los aún poco potenciados por el Estado yacimientos de coltán, entre otros minerales.

Más que infraestructura, administración, recursos, turismo o atención, el Guainía demanda cuidado, como un acto de soberanía responsable. *Rector UNAD