Fracking, del miedo y la desinformación a la confianza: la apuesta de Frank Pearl para destrabar el potencial energético de Santander
Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP), aseguró en conversación con EL FRENTE, durante la Cumbre que el sector realiza en Cartagena, que el país tiene un potencial extraordinario de hidrocarburos, particularmente en Santander, pero advirtió que para aprovecharlo será indispensable superar los temores alrededor de los yacimientos no convencionales, explicar los avances tecnológicos y
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Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP), aseguró en conversación con EL FRENTE, durante la Cumbre que el sector realiza en Cartagena, que el país tiene un potencial extraordinario de hidrocarburos, particularmente en Santander, pero advirtió que para aprovecharlo será indispensable superar los temores alrededor de los yacimientos no convencionales, explicar los avances tecnológicos y construir confianza directamente con las comunidades. Según sus proyecciones, el desarrollo del sector podría generar $695 billones hasta 2050, además de fortalecer las regalías, el empleo y la seguridad energética.
Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política – EL FRENTE
La historia de los pilotos de fracking Platero y Kalé, proyectados durante el gobierno de Iván Duque en el Magdalena Medio santandereano y que nunca llegaron a materializarse por la fuerte oposición social y las controversias ambientales, sigue siendo una muestra de la enorme distancia que existe entre las posibilidades técnicas de la industria petrolera y la percepción que tienen muchas comunidades sobre sus riesgos. Para Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas, esa distancia no se resuelve con discursos empresariales ni decisiones administrativas: hay que salir al territorio, escuchar a la gente y explicar, con evidencia y transparencia, cómo funciona la tecnología.
En una conversación exclusiva con EL FRENTE, Pearl planteó una de las grandes paradojas de la economía colombiana: mientras el país comienza a depender cada vez más del gas importado y sus reservas de petróleo y gas se reducen, debajo de su territorio todavía existiría un potencial de hidrocarburos capaz de transformar las perspectivas energéticas y económicas de las próximas décadas. “Que no nos pase lo de la abuela que duerme en un colchón lleno de lingotes de oro, pero en la mañana siguiente tiene que acudir al ‘gota gota’ para poder comer”, indicó el dirigente gremial para ejemplificar la paradoja a la que se enfrenta Colombia. Y en ese mapa de oportunidades, Santander ocupa un lugar privilegiado.
El dirigente gremial considera que el desarrollo de los yacimientos no convencionales, particularmente mediante la técnica de fracturamiento hidráulico o fracking, podría representar una oportunidad extraordinaria para ampliar las reservas nacionales. Sin embargo, reconoce que el principal obstáculo no es exclusivamente tecnológico, financiero o regulatorio. También es social: recuperar la confianza de comunidades que durante años han recibido información contradictoria, advertencias sobre posibles daños ambientales y mensajes que han convertido el fracking en una palabra asociada al miedo.
Las cifras expuestas por Pearl permiten dimensionar el tamaño de la oportunidad. Colombia cuenta actualmente con menos de siete años de reservas de petróleo y menos de seis años de gas, una situación que ha comenzado a traducirse en mayores importaciones, exposición a los precios internacionales y preocupación por la autonomía energética.
Además, el presidente de la ACP recordó que el país ya está experimentando las consecuencias de esa dependencia. De acuerdo con su perspectiva, mientras hace un año era posible adquirir gas a siete dólares, algunas empresas están pagando actualmente hasta 28 dólares, con repercusiones sobre los costos de producción y las facturas que terminan pagando los consumidores.
De acuerdo con los estudios citados por el dirigente gremial, si Colombia desarrollara los recursos identificados hasta ahora, podría multiplicar hasta 97 veces sus reservas actuales de gas y casi triplicar las de petróleo.
No se trataría solamente de ingresos para las compañías petroleras. El impacto podría extenderse a las regalías, la infraestructura, el empleo formal, los proveedores regionales, el comercio y los recursos públicos disponibles para financiar programas sociales.
El fracking: entre los avances tecnológicos y temores ambientales
Es precisamente en este punto donde aparece el mayor desafío para la industria. El fracking despierta controversias por sus posibles efectos sobre el agua, la actividad sísmica y la salud de las comunidades cercanas a las operaciones.
Pearl no desconoce esas preocupaciones. Por el contrario, considera que deben ser abordadas de frente, sin prometer que una actividad industrial carece de impactos y sin convertir las inquietudes ciudadanas en obstáculos que simplemente deban ignorarse.
«Decir que esto no tiene impacto sería faltar a la verdad», manifestó durante su intervención.
Su argumento es que las tecnologías de fracturamiento hidráulico han evolucionado considerablemente y que hoy existen procedimientos de ingeniería, monitoreo y control que permiten identificar y prevenir riesgos que deben ser evaluados rigurosamente.
Uno de los aspectos que destacó es la profundidad de las operaciones. Según explicó, los trabajos de fracking pueden realizarse hasta diez veces más profundo que los acuíferos de los cuales se obtiene el agua para consumo humano. La separación geológica, las características de las formaciones y los sistemas de aislamiento son elementos fundamentales para evitar conexiones no deseadas entre las zonas de operación y las fuentes hídricas.
Y de manera simultánea a ese planteamiento, Para Pearl, la industria debe abandonar la costumbre de explicar sus proyectos únicamente ante especialistas, inversionistas y autoridades, y comenzar a conversar en un lenguaje comprensible con los ciudadanos que viven en los territorios donde se pretende desarrollar la actividad. “Nosotros necesitamos hacer una campaña de pedagogía, de información, pero sobre todo sentarnos a conversar con la gente, explicarles, mostrarles la evidencia”, sostuvo.
Santander: donde la confianza
puede definir el futuro energético
La reflexión tiene especial importancia para Santander, departamento que conoce de primera mano las dificultades que puede enfrentar un proyecto petrolero cuando no consigue construir consensos con las comunidades.
Durante la conversación con EL FRENTE, se le planteó precisamente la dificultad de llevar el mensaje de la industria a las comunidades, donde muchas veces tienen mayor circulación las advertencias y los mensajes de temor que las explicaciones técnicas sobre los avances de la actividad petrolera.
EN ese punto, Pearl reconoció que existe un enorme desafío de comunicación. “Hay muchísima desinformación, es un tema técnico, es un tema complejo, es un tema en el cual las tecnologías han ido evolucionando y es un tema en el cual se han sembrado muchos miedos”, expresó.
Su respuesta apunta a una estrategia que debe comenzar por reconocer las preocupaciones legítimas de los habitantes, presentar información verificable sobre el manejo del agua, explicar los mecanismos de protección ambiental y permitir que las comunidades conozcan cómo funcionan las operaciones.
En el caso santandereano, el desafío consiste en que la población pueda conocer tanto las oportunidades económicas como los riesgos y las garantías de protección que se exigirían antes de autorizar cualquier operación.
Regalías, empleo y soberanía energética
El presidente de la ACP también insistió en que el debate no debe limitarse a cuánto petróleo puede extraerse o cuánto gas podría producirse. La verdadera discusión, según su planteamiento, es qué puede hacer Colombia con los recursos que genera esta industria.
Para Pearl, las regalías deben convertirse en instrumentos efectivos de transformación regional, capaces de financiar infraestructura, educación, servicios públicos y nuevas actividades productivas que permitan reducir gradualmente la dependencia económica de los hidrocarburos.
“Hay que utilizar muy bien las regalías para que aterricen en las regiones y en las actividades de este sector”, afirmó. La industria, agregó, puede convertirse en un motor de formalización económica y generación de oportunidades laborales, especialmente en territorios donde la población enfrenta pocas alternativas de empleo y donde las actividades ilegales terminan ocupando espacios que deberían corresponder a la economía formal.
En ese sentido, recordó que el petróleo y el gas seguirán teniendo participación importante en la matriz energética mundial durante las próximas décadas, incluso mientras avanzan las energías renovables, la geotermia y otras tecnologías.
Pero, más allá de los contratos y las decisiones gubernamentales, su mensaje para regiones como Santander apunta a un asunto que ninguna resolución puede resolver por sí sola: la confianza.
La conclusión de Frank Pearl es que Colombia no debería renunciar anticipadamente a los recursos que tiene bajo su territorio, pero tampoco puede pretender aprovecharlos sin construir acuerdos con quienes viven sobre ellos.