El Gran Corredor Tectónico de Santander
Santander está dividido por la falla Bucaramanga-Santa Marta, que ha moldeado su relieve, montañas y el Cañón del Chicamocha.
Santander está dividido por la falla Bucaramanga-Santa Marta, que ha moldeado su relieve, montañas y el Cañón del Chicamocha.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Por: Fundación Participar*
El departamento de Santander está segmentado por un gran corredor tectónico de unos 200 km de longitud; es decir, por un complejo sistema de fallas que fracturan, deforman y compartimentan el territorio. Su estructura principal es la falla de Bucaramanga, un tramo que forma parte de un sistema de mayor jerarquía denominado «Bucaramanga-Santa Marta».
La falla de Bucaramanga se reconoce por su continuidad lineal por los sectores de El Playón, Rionegro, Bucaramanga, Floridablanca, Piedecuesta, el entorno del cañón del Chicamocha y San Joaquín. En este último sector (en torno al corregimiento de Ricaurte), su trazo lineal es sustituido por una ramificación de fallas menores que se proyectan más hacia el sur. Este corredor tectónico continúa hacia el departamento de Boyacá, en donde conecta con otras estructuras con historia geológica propia (por ejemplo, las fallas de Boyacá y Soápaga).
Este gran corredor tectónico divide el territorio santandereano en dos grandes dominios: uno localizado al oriente (región con montañas más altas), que representa alrededor del 20 % de la superficie del departamento, y otro localizado al occidente, que representa el 80 % restante. Este sistema ha jugado un papel fundamental en la construcción del paisaje actual del departamento. Desde hace unos 50 millones de años se registran episodios de levantamiento y erosión, los cuales se intensificaron notablemente hace aproximadamente 25 a 20 millones de años. Desde entonces, sus movimientos tectónicos han favorecido el levantamiento del bloque oriental respecto al occidental, lo que contribuyó a elevar el Macizo de Santander y a generar el fuerte contraste topográfico que actualmente se observa a ambos lados del citado corredor. La deformación y el levantamiento del dominio oriental continúan incluso en el presente. Como resultado de este prolongado y continuo proceso, se configuraron el relieve actual, las redes fluviales y, en gran parte, el clima y sus ecosistemas. El poblamiento posterior del territorio, de alguna manera, también estuvo regido por esa historia geológica asociada al gran corredor tectónico de Santander.
En el contexto de lo anteriormente referido, el cañón del Chicamocha se concibe como el resultado de la interacción entre esa compleja estructura tectónica regional (con su diversidad de rocas) y los procesos superficiales asociados, tales como la erosión, el transporte y la acumulación de sedimentos. A lo largo de su recorrido, diferentes fallas han condicionado localmente la dirección de su cauce y han contribuido a modelar el paisaje. Estas particularidades, entre muchas otras, confieren un carácter excepcional al cañón. De ahí su gran potencial para convertirse en geoparque, un reconocimiento que abriría un amplio espacio de oportunidades para promover aún más su desarrollo, inspirado en sus múltiples activos naturales y culturales. Por esta razón, todos debemos continuar aunando esfuerzos para consolidar una dinámica en el territorio que garantice su incorporación al sistema de geoparques mundiales de la UNESCO, lo cual también contribuiría a su mayor visibilidad global. El territorio y sus comunidades se merecen ese reconocimiento.
* Luis Carlos Mantilla Figueroa en colaboración con Francisco Velandia P.
www.fundacionparticipar.com