De la actriz porno a la senadora petrista, los agarrones de Alejandra Umaña en el Congreso
Alejandra Umaña y Germán Rodríguez protagonizaron un cruce en el Congreso en el que intercambiaron ataques sobre su pasado, formación académica y credenciales políticas.
Alejandra Umaña y Germán Rodríguez protagonizaron un cruce en el Congreso en el que intercambiaron ataques sobre su pasado, formación académica y credenciales políticas.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
··········
········
El Congreso volvió a convertirse en escenario de un duelo de pullas, esta vez con libros, títulos universitarios, fotografías y hasta nombres artísticos como munición. Los protagonistas son la senadora del Pacto Histórico Alejandra Omaña y el senador Germán Rodríguez, de Salvación Nacional, quienes protagonizaron dos episodios de fuerte tensión en septiembre.
La disputa comenzó hace unos días durante el debate de moción de censura al ministro de Defensa, Jorge Eduardo Mora. Rodríguez llevó al recinto fotografías de varios integrantes del Pacto Histórico y, entre ellas, mostró una imagen de Omaña junto al entonces senador Julián Gallo, conocido durante su militancia en las Farc como Carlos Antonio Lozada.
El congresista también hizo referencia al nombre artístico Amaranta Hank, utilizado por Omaña durante su paso por la industria para adultos. La senadora respondió que no se avergüenza de esa etapa de su vida y cuestionó que su pasado fuera utilizado como argumento para descalificar su actividad política.
Pero la discusión no terminó allí. En su réplica, Omaña lanzó uno de los dardos más fuertes del enfrentamiento al afirmar que, si el Senado hiciera un consenso para determinar cuál era el congresista más inculto y quién no había leído un libro, Rodríguez ocuparía ese lugar.
La senadora también defendió la fotografía con Julián Gallo. Según explicó, no se trataba de una imagen con un guerrillero en ejercicio, sino con un firmante del acuerdo de paz que posteriormente ocupó una curul en el Senado. En ese mismo turno, sostuvo que su antiguo nombre artístico no era motivo de vergüenza y reivindicó su derecho a decidir sobre su cuerpo y su vida.
Rodríguez decidió devolver el golpe días después, pero esta vez llevó la pelea al terreno académico. El senador aseguró que tiene tres carreras profesionales, tres especializaciones y una maestría en Creación Literaria. También afirmó que estuvo cerca de terminar una cuarta carrera antes de incorporarse al área de combate y señaló que desarrolla además una faceta como escritor.
La respuesta tuvo una frase que rápidamente volvió a poner el enfrentamiento en circulación: si Omaña le pedía estudiar, Rodríguez sostuvo que ella debía comenzar por terminar su propia carrera profesional.
El senador agregó que espera culminar otros estudios y aprovechó la controversia para promocionar su novela Los hijos del infierno, cuya publicación anunció para el próximo año.
Así, lo que comenzó como una disputa política terminó convertido en una particular competencia pública sobre quién ha leído más, quién tiene más títulos y quién puede darle al otro una lección de estudios.
Omaña, cuya trayectoria oficial en el Senado registra experiencia en periodismo, comunicación, cultura y defensa de los derechos de las mujeres, ha reivindicado públicamente su pasado como Amaranta Hank y ha rechazado que esa etapa sea utilizada para deslegitimar su trabajo político. La propia ficha institucional del Senado señala, además, que es autora de dos libros, entre ellos Desnuda, una crónica relacionada con la industria para adultos.
Rodríguez, por su parte, convirtió sus credenciales académicas y literarias en la respuesta a los cuestionamientos de la senadora. El episodio deja una imagen particular del actual debate parlamentario: mientras el país espera discusiones sobre seguridad, economía, empleo y reformas, dos congresistas terminaron disputándose ante las cámaras del Congreso el título informal de quién ha leído más libros. Y la pelea, por ahora, no parece haber terminado.