Cultura tributaria: Ese miedo que todos eligen evitar
La evasión y la informalidad tributaria no son una estrategia: ponen en riesgo la liquidez, el patrimonio y la continuidad de la empresa.
La evasión y la informalidad tributaria no son una estrategia: ponen en riesgo la liquidez, el patrimonio y la continuidad de la empresa.
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Por: Carmen Cecilia Orejarena Prada*
En la dinámica actual del ecosistema empresarial, se observa un fenómeno cíclico y sistémico: el rechazo a cumplir con las obligaciones tributarias. Es común ver que el empresario percibe la carga tributaria como un impedimento confiscatorio y punitivo en vez de incorporarla como una variable estructural y cuantitativa en el modelo financiero de su negocio. No obstante, desde el punto de vista del derecho fiscal y la técnica contable, la evasión y la elusión informal no son tácticas de supervivencia; son importantes fallas en la gestión corporativa que comprometen severamente la viabilidad y la continuidad del ente económico en el mediano y largo plazo.
La falta de interés o el miedo sin fundamento hacia la regulación tributaria suele surgir debido a una asimetría de información. Algunos empresarios trabajan con la errónea idea de que mejorar el flujo de caja es lo mismo que depurar la base gravable al omitir deliberadamente ingresos o incluir costos no deducibles. Sin embargo, debido a la facturación electrónica, la nómina electrónica, la bancarización forzosa y el análisis de datos que realiza la administración tributaria sobre la información exógena, en el contexto actual de fiscalización es casi total la trazabilidad de las transacciones comerciales.
La falta de cumplimiento formal y sustancial da lugar a pasivos contingentes peligrosos. Las penalizaciones por no declarar, inexactitud o por extemporaneidad, junto a los intereses moratorios indexados, reducen rápidamente la liquidez operativa y acaban con el patrimonio neto de la organización, sobrepasando totalmente cualquier ventaja que provenga de la falta fiscal.
Es importante destacar que la contabilidad fiscal y financiera no es simplemente un registro pasivo con el único propósito de liquidar impuestos; en realidad, es una herramienta técnica de diagnóstico, control y toma de decisiones estratégicas. Una sólida cultura tributaria no implica pagar sumas desproporcionadas, sino aplicar de manera rigurosa los principios de la planeación tributaria.
Mediante la evaluación técnica de la causalidad, necesidad y proporcionalidad de las deducciones, junto con el aprovechamiento de incentivos fiscales —tales como rentas exentas, descuentos por inversión en ciencia y tecnología o la adscripción a regímenes simplificados de tributación —, las organizaciones logran optimizar su tasa efectiva de tributación. Esto se logra dentro del estricto marco de la legalidad.
Por otra parte, la formalización y la transparencia contable se consolidan como requisitos indispensables para la bancarización profunda, el acceso a líneas de crédito de fomento y la atracción de capital de riesgo. Un balance general distorsionado por la omisión de ingresos o la inflación artificial de gastos anula la valorización de la empresa frente a terceros, limita la capacidad de endeudamiento y bloquea las oportunidades de escalabilidad regional e internacional.
El mensaje directo para los emprendedores y empresarios es contundente: el conocimiento normativo y el rigor contable eliminan el miedo a la fiscalización. La contabilidad fiscalmente sana no representa un costo administrativo innecesario ni un obstáculo al crecimiento; constituye un activo estratégico que garantiza la gobernanza corporativa, protege el patrimonio del empresario y sustenta la competitividad de las organizaciones en el mercado.
*Educadora empresarial.