Cepeda reconoce el desgaste de la izquierda por culpa de sus propios corruptos
Iván Cepeda pidió autocrítica al Pacto Histórico y alertó que la izquierda pierde legitimidad si tolera corrupción y prácticas contrarias a sus principios.
Iván Cepeda pidió autocrítica al Pacto Histórico y alertó que la izquierda pierde legitimidad si tolera corrupción y prácticas contrarias a sus principios.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
··········
········
Ante más de 20.000 asistentes virtuales y presenciales de la Escuela Semilla, el senador y excandidato presidencial pidió al Pacto Histórico un examen de conciencia, rechazó la política como negocio y llamó a recuperar la coherencia entre el discurso progresista y la conducta de sus dirigentes.
El senador y excandidato presidencial Iván Cepeda Castro lanzó un llamado de autocrítica a los sectores progresistas y al Pacto Histórico, al advertir que ningún proyecto político puede transformar a Colombia si no comienza por revisar sus propias prácticas, combatir la corrupción y demostrar coherencia entre sus principios y el ejercicio del poder.
La declaración fue hecha el 3 de octubre, durante la conferencia “La Revolución Ética y Política: Nuestro liderazgo moral e intelectual”, presentada en la Escuela Semilla, iniciativa de formación política liderada por Gustavo Bolívar y Ángela María Robledo. Según el documento divulgado sobre el encuentro, la intervención contó con más de 20.000 asistentes virtuales y presenciales.
“No podemos transformar la sociedad si no nos transformamos a nosotros mismos”, fue la premisa que marcó su exposición, en la que propuso una renovación de la cultura política desde la ética, el pensamiento crítico y la responsabilidad de quienes ejercen funciones públicas.
Autocrítica por la corrupción
Uno de los apartados centrales de la intervención fue el reconocimiento de que la izquierda no está exenta de reproducir las prácticas que cuestiona en sus adversarios. Cepeda sostuvo que la defensa de las transformaciones sociales pierde legitimidad cuando las organizaciones políticas toleran comportamientos contrarios a sus propios principios.
“No podremos hacer una Revolución Ética si en nuestra organización y labor pública toleramos la corrupción. No podremos derrotar el patriarcado si somos predominantemente machistas, ni el autoritarismo si somos sectarios, ni el racismo si mantenemos conductas encubiertas”, afirmó.
El dirigente también señaló que, junto con las conquistas sociales alcanzadas, existe el deber de asumir con rigor la responsabilidad por los hechos de corrupción que se hayan presentado en la administración pública.
Su planteamiento pone el foco en la conducta de los dirigentes y en la necesidad de que la legitimidad de un proyecto político no dependa únicamente de sus propuestas, sino también de la forma en que administra los recursos públicos y responde ante los cuestionamientos.
Cuatro principios para cambiar la política
Durante la conferencia, Cepeda presentó cuatro pilares para recuperar el sentido de la actividad pública. El primero consiste en acabar con el patrimonialismo, entendido como la utilización del Estado y de los recursos colectivos para beneficio particular, y avanzar hacia una gestión basada en la austeridad, la transparencia y la responsabilidad.
El segundo apunta contra la política del espectáculo y la dependencia de los impactos emocionales en las redes sociales. En su opinión, la actividad política debe recuperar el trabajo cotidiano y el compromiso con las causas sociales, en lugar de privilegiar las apariencias y la búsqueda de reconocimiento inmediato.
El tercer principio es la defensa de las personas pobres y vulnerables, mediante una presencia permanente en los territorios excluidos y el rechazo a los prejuicios clasistas. El cuarto reivindica el poder de la verdad, la defensa de la dignidad de las víctimas y su papel en los procesos de memoria, justicia y reconciliación.
Para sustentar estas propuestas, el senador aludió a las reflexiones de Carlos Gaviria, Hannah Arendt y Enrique Dussel, así como a la encíclica *Fratelli tutti*, del papa Francisco.
Advertencia sobre el autoritarismo y la superficialidad
Cepeda también expresó preocupación por lo que describió como el avance de un “fascismo global”, al que atribuyó una visión excluyente de la sociedad y el recurso a la deshumanización y la violencia.
Frente a ese escenario, defendió un proyecto político ecológico, solidario y democrático, sustentado en la formación intelectual y en la capacidad de cuestionar las ideas dominantes.
“Pensar es una forma de resistencia frente a la superficialidad y a la obediencia ciega”, manifestó, al cuestionar la tendencia a privilegiar la inmediatez digital sobre la reflexión y el debate de fondo.
Su mensaje estuvo dirigido especialmente a las bases y los liderazgos progresistas, a quienes invitó a fortalecer la formación crítica y a construir una cultura política que no reproduzca el sectarismo ni las prácticas autoritarias que dice combatir.
El desafío de llevar la ética a la práctica
La intervención de Cepeda plantea un reto para las organizaciones que se identifican con el progresismo: convertir la autocrítica en mecanismos concretos de transparencia, control y rendición de cuentas, de modo que los principios proclamados tengan consecuencias verificables en la administración pública.
El discurso no se limitó a cuestionar a sus adversarios ideológicos. También reconoció que la corrupción, el machismo, el racismo y el autoritarismo pueden reproducirse dentro de las propias organizaciones que promueven cambios sociales.
Al cerrar su conferencia, el senador sostuvo que la transformación política requiere pensamiento crítico, verdad y compromiso con los sectores excluidos, como condiciones para defender la vida, la democracia y la paz.
La revolución ética que propone Cepeda, por tanto, comienza con una exigencia hacia su propio sector: demostrar que la renovación de la política no se queda en las palabras y que la coherencia entre los principios y las actuaciones también debe ser una medida del ejercicio del poder.