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Opinión

Café de sabios

La novela contrapone dos vidas marcadas por la miseria y la búsqueda de sentido, unidas por la idea de que hasta en la adversidad puede germinar la sabiduría.

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La novela contrapone dos vidas marcadas por la miseria y la búsqueda de sentido, unidas por la idea de que hasta en la adversidad puede germinar la sabiduría.

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Una vez, ¡perdón!, sucedió mil veces que le rogué al Señor para que desencofrara mi espíritu del cuerpo y de este planeta, y que le diera pronto posada a mi alma en su cielo si fuese posible; le pedí, solo un campito junto a Él y ojalá bien cerca, dijo Lácides, después de las tantas tristezas y angustias que vivió durante sus muertes en vida, sostuvo, en una rueda de prensa refiriéndose a la novela *Regreso al arado* que protagoniza este personaje para el que fue creado por su progenitor.

Después de empalagarse por saborear tanta riqueza y derrocharla, igualmente ostentó humildad hasta indigestarse con la miseria de su alma en una pobreza mal administrada por abusar de su iliquidez y los excesos, el poeta Lácides comprendió que Dios estuvo más cerca de él, aunque por andar distraído con sus lamentos, en medio de su torpeza y por descuido ignoraba su presencia.

En una de sus tragedias de la novela Lácides se encontró en el espejo de un fragmento durante una conversación que sostuvo con su amigo el pirata. (Al Pirata lo engrandeció la miseria, mientras Lácides tuvo que engrandecerse para encontrarla. Dos miserias tomando tinto se convirtieron en una alacena de sabiduría, porque aquí las versiones fueron escritas por experiencias en circunstancias opuestas).

Para ninguno de estos personajes, el pirata y Lácides, era imposible entender que hasta de la miseria germina sabiduría y que con ella se emerge de allí cuando se descubre la magnitud de su servicio. La diferencia entre ellos fue marcada porque el pirata conoció la sabiduría por la miseria en que vivió, mientras que a Lácides por su ambición a la riqueza la supuesta sabiduría y el conocimiento lo traicionó y terminó en la miseria.

El problema de la miseria es que duele más cuando se vive en ella sin detectarlo, la miseria no solo es la ausencia de confort, sino también es la ceguera para percibir la calidad de vida en el alma y este cuento de encontrarse allí es trabajo de cada uno.  

Juntos abordaron el tema de la “muerte en vida” porque sus almas fueron fragmentadas en circunstancias diferentes, en escenarios opuestos, pero enlazadas por un microfilamento llamado Dios, el mismo del que tanto se habla y se le requiere para las reparaciones del alma frente a la adversidad. 

El pirata es un maestro de vida que encontró la sabiduría en su más profundo interior porque entendió que sobre las cosas externas no tiene alcance para cambiarlas, pero él sí puede verlas desde un ángulo diferente y esto cambia el testimonio de que la vida es un error y, de paso, entendió que la adversidad es una escuela. “La calle también fue nuestro padre… ¡nos instruyó y nos destruyó! ¡Me salvó Dios!”, dijo.   

Estos personajes se encontraron en una extraña cafetería, pues ambos eran anfitriones e invitados simultáneamente. Para Lácides, esa cafetería fue su infierno y para el pirata el cielo. Acaso: ¿Dos hombres resultarían así por convertir los errores en sueños?