Saharay Rojas, la dama de hierro de Juan Carlos Cárdenas reveló que tiene cáncer
Resumen
Saharay Rojas reveló que enfrenta cáncer de cuello uterino en etapa avanzada con metástasis y decidió contarlo para ayudar a otras mujeres.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)La voz firme con la que durante años defendió cifras, reformas tributarias y decisiones impopulares en Bucaramanga se quebró, pero no se apagó. La exsecretaria de Hacienda del gobierno de Juan Carlos Cárdenas, Saharay Rojas Téllez, reveló públicamente que enfrenta uno de los diagnósticos más devastadores posibles: un cáncer en etapa avanzada con metástasis.
Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE
Su revelación la hizo, fiel a su estilo, sin eufemismos, sin adornos y con una mezcla de crudeza y determinación que transforma su testimonio en algo más que una confesión personal: un relato de supervivencia, de choque con la muerte y de reconstrucción del propósito.
“Tienes cáncer”. Dos palabras que, en su propio relato, paralizaron el tiempo. Rojas describe ese momento como un colapso inmediato: “sentí que el corazón se me paró”. No es una metáfora gratuita; es la forma más directa de narrar cómo la vida, tal como se conoce, se fractura en cuestión de segundos.
Su reacción inicial es profundamente humana y brutalmente honesta: “no me quiero morir”. No hay cálculo político, ni discurso institucional. Hay miedo. Hay incertidumbre. Hay una mente que, en cuestión de segundos, salta del presente al abismo: la familia, el trabajo, el futuro.
Pero incluso en ese primer impacto aparece un rasgo que marcó su paso por la administración pública: la decisión. “Voy a luchar, voy a buscar ayuda”. La misma lógica con la que enfrentaba crisis fiscales se traslada ahora a una batalla biológica.
El relato adquiere un matiz inquietante cuando Rojas describe cómo recibió el diagnóstico inicial. Según cuenta, su ginecóloga le comunicó la presencia de cáncer sin haber realizado una biopsia previa, basándose únicamente en una citología y en su experiencia clínica.
La escena es tan desconcertante como reveladora: una paciente que cuestiona el procedimiento, pero que al mismo tiempo queda atrapada por la contundencia de quien lleva “30 años haciendo esto”. No es solo un diagnóstico médico, es una sentencia anticipada.
Y la sentencia fue devastadora. Un tumor de entre 8 y 12 centímetros. Cáncer de cuello uterino. Metástasis en ganglios. Etapa 4. Probabilidad de vida: cero. La medicina, en ese punto, deja de prometer curación y se limita, según le informaron, a cuidados paliativos. Es decir, ganar tiempo. No vencer la enfermedad.
El colapso…
Rojas describe con precisión otro fenómeno que suele rodear estas enfermedades: la avalancha de consejos no solicitados. Desde tratamientos alternativos hasta soluciones casi esotéricas.
“¿Por qué no vamos a un brujo?”, “¿qué tal este té?”, “¿qué le funcionó a tal persona?”. La lista, implícita en su testimonio, retrata una realidad frecuente: cuando la ciencia parece insuficiente, el entorno busca respuestas en cualquier lugar.
Su respuesta, nuevamente, fue tajante: solo tratamiento médico.
No es un detalle menor. En medio de la desesperación, optó por una línea clara, racional y basada en evidencia. Una decisión que, más allá de lo personal, también envía un mensaje público en un país donde las creencias alternativas suelen mezclarse peligrosamente con la atención en salud.
De funcionaria técnica a
símbolo de resistencia
Durante su paso por la Alcaldía, Rojas fue una figura técnica, asociada a cifras, recaudo y disciplina fiscal. Su gestión, según los propios balances oficiales, estuvo marcada por el fortalecimiento de las finanzas municipales, con incrementos significativos en los recursos de libre destinación y en la capacidad de inversión.
Pero su relato actual la desplaza de ese terreno. Ya no es la funcionaria que defendía reformas tributarias ante la crítica ciudadana. Es una mujer que sobrevivió contra pronóstico a una enfermedad que, en sus propias palabras, parecía tener un desenlace inevitable. Y ahí está el punto de quiebre del relato.
Contra todo lo anunciado, su historia no termina en el diagnóstico. Rojas afirma haber atravesado “el camino del cáncer” y llegar a un lugar distinto: uno donde la experiencia se convierte en propósito.
Decidió contar su historia no como una tragedia, sino como una herramienta. Su objetivo es claro: ayudar a otras personas, especialmente mujeres diagnosticadas con cáncer de cuello uterino, a enfrentar el proceso desde otra perspectiva.
Habla de “finales felices”. Y esa frase, en el contexto de un diagnóstico de etapa 4, no es menor. Es una forma de desafiar no solo la enfermedad, sino también el determinismo médico que la acompañó desde el inicio.