Pésima red vial en Santander confina personas y provincias

Pésima red vial en Santander confina personas y provincias

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by Danilo Pérez

Economía asfixiada por pérdidas millonarias en mercancías y cultivos

La reparación de las vías de Santander en 2025 dejó de ser un asunto de ingeniería para convertirse en una crisis humanitaria y económica que requiere, que el Estado fije sus ojos en esta región que se derrumba a pedazos.

El departamento  de Santander atraviesa su hora más oscura en materia de conectividad terrestre por el deterioro de las vías, los movimientos en maza que han destruido carreteras y puentes.

Este departamento, motor logístico entre el centro y el norte de Colombia, cierra el año 2025 sumido en un aislamiento parcial por provincias que ya deja cicatrices profundas en su tejido productivo.

La combinación de una agresiva ola invernal, la falta de giros directos desde el Gobierno Nacional y el deterioro progresivo de corredores estratégicos ha detonado una emergencia económica sin precedentes.

Los costos de transporte de carga aumentaron un 40%, el sector avícola advierte sobre un inminente desabastecimiento en Bogotá y la industria turística reporta una cancelación masiva de reservas de cara a loque podría haber sido una fructífera la temporada de fin de año.

Mientras la Gobernación presenta un balance de gestión con cifras billonarias en proyectos, la realidad en el asfalto muestra derrumbes, cierres totales y una región que clama por auxilio.

Mapa de la destrucción

La infraestructura vial santandereana colapsó en puntos neurálgicos que funcionan como arterias vitales para el comercio nacional. El reporte técnico de noviembre de 2025, entregado por la Alianza por Santander —conglomerado que reúne a los principales gremios económicos de la región—, detalla un escenario de “urgencia nacional”.

El daño más crítico se localiza en la Ruta 45A, específicamente en el tramo entre La Charca y Oiba, así como en la Transversal del Carare, a la altura de la vereda Zarandas, en el municipio de Vélez.

Estos corredores, esenciales para la conexión con el Magdalena Medio y el centro del país, presentan pérdida de banca y hundimientos que obligan a los transportadores a tomar desvíos largos y peligrosos.

Impacto económico: la factura del aislamiento

Además, está la situación crónica en la vía Bucaramanga -  Barrancabermeja. En octubre y noviembre se  presentaron algunos cierres restrictivos y otros  totales en el kilómetro 29, sector conocido como La Renta y Lisboa (o “Mata de Cacao”).

Allí, una falla geológica activa, exacerbada por las lluvias torrenciales de las últimas semanas, provocó deslizamientos de tierra y rocas que bloquearon el paso de vehículos pesados y aislaron a más de 300 familias comerciantes de la zona.

No menos grave es el estado de la Troncal Central, donde los daños estructurales paralizan el flujo vehicular hacia Boyacá y Cundinamarca.

Según el informe gremial, estos bloqueos afectan la movilidad diaria de 60.000 pasajeros que transitan por el corredor Bucaramanga–Tunja–Bogotá y desconectan del acceso a servicios básicos como salud y educación a más de 50 municipios de las provincias de Vélez y Comunera.

La crisis del asfalto se ha trasladado con velocidad vertiginosa a los libros de contabilidad de las empresas y al bolsillo de los ciudadanos. El dato más alarmante lo aporta el sector transporte, los desvíos obligatorios y el mal estado de las vías alternas incrementaron los fletes en un 40%.

Este sobrecosto amenaza con trasladarse al consumidor final en las próximas semanas, lo que presionará la inflación de alimentos en Bucaramanga y su Área Metropolitana.

Pérdida de productos y cancelación hotelera

La preocupación mayor radica en la seguridad alimentaria del centro del país. Santander produce y distribuye el 40% de la carne de pollo y huevos que consumen Bogotá y Boyacá.

Los gremios avícolas advirtieron en una carta al presidente Gustavo Petro que, de continuar los bloqueos en la Ruta 45A y la Transversal del Carare, la cadena logística se romperá.

Esto no sólo implicaría pérdidas millonarias para los productores locales por la muerte de aves y la imposibilidad de sacar el producto, sino un desabastecimiento real de proteína, sobre todo en la capital de la República, antes de finalizar el año.

El turismo, otro renglón clave que intentaba recuperarse, recibió un golpe letal en el puente festivo de mediados de noviembre. La Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco) capítulo Santander confirmó una cancelación masiva de reservas hoteleras.

Los viajeros, ante la incertidumbre de las carreteras y el riesgo de quedar atrapados en derrumbes, optaron por otros destinos. Municipios con vocación turística como San Gil, Barichara y Zapatoca ven con desespero cómo la temporada de vacaciones se diluye entre el lodo y la maquinaria amarilla que intenta, sin éxito, despejar los caminos.

Existe una desconexión evidente entre las cifras macroeconómicas que maneja la administración departamental y la percepción de abandono que sienten los ciudadanos en las carreteras.

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por Danilo Pérez
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