Patricia Celis: del consulado de Caracas a la Cámara de Representantes

Resumen

Patricia Celis, candidata del Centro Democrático, busca impulsar una ciudadanía activa, inspirada por su experiencia en Venezuela, y proteger la democracia educando sobre la importancia del voto de opinión en Colombia.

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Patricia Celis: del consulado de Caracas a la Cámara de Representantes

Desde su paso por el consulado colombiano en Caracas hasta su aspiración a la Cámara de Representantes, la candidata del Centro Democrático por Santander traza una línea directa entre la crisis venezolana, la defensa de la democracia y la necesidad de una ciudadanía activa que cuide el voto.

 

Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE

La historia política de Venezuela no es para Patricia Celis un relato ajeno ni una estadística lejana. Es una vivencia personal. Entre 2003 y 2007, cuando ejerció como vicecónsul de Colombia en Caracas, fue testigo directo de lo que hoy describe como la transformación progresiva de un sistema democrático en una “fachada”, sostenida por reglas electorales cambiantes, abstención masiva y manipulación institucional. Esa experiencia, asegura, marcó su visión política y hoy nutre su aspiración a la Cámara de Representantes por el partido Centro Democrático, lista 105 en Santander.

Durante una entrevista con Periódico EL FRENTE, Celis evocó con franqueza lo que presenció durante su permanencia en Venezuela. Recordó el ascenso de Hugo Chávez en 1998, impulsado por el descontento ciudadano frente a los partidos tradicionales y los escándalos de corrupción, y cómo, tras llegar al poder, se promovió una Asamblea Constituyente que amplió los periodos y modificó las normas electorales.

“La abstención fue del 68 por ciento. Muchos años después la gente decía: ‘cuando éramos felices y no lo sabíamos’”, señaló, aludiendo a un país que, en su opinión, no dimensionó a tiempo el rumbo que estaba tomando.

Para Celis, el deterioro democrático venezolano no se dio de manera abrupta, sino a través de mecanismos que, en apariencia, respetaban la legalidad. Mencionó prácticas como la no apertura total de mesas electorales y la prolongación indefinida de las jornadas de votación, lo que, según su relato, permitía alterar resultados. Citando a su suegro, el jurista venezolano Tejera París, definió ese sistema como una “fachada de democracia”.

En ese contexto, respaldó la intervención internacional de Estados Unidos como una respuesta tardía pero coherente con un clamor que, afirma, los venezolanos venían expresando desde hace más de dos décadas. Recordó el referendo revocatorio contra Chávez y sostuvo que incluso ese mecanismo fue desconocido mediante fraude, con la complacencia de organismos internacionales. “No la ONU, no la OEA. Los venezolanos veían en Estados Unidos la única opción real para sacarlos adelante”, afirmó.

Ahora, la candidata traslada esas lecciones al escenario colombiano. Su principal preocupación, dijo, es la apatía ciudadana y el alto riesgo de que las elecciones se ganen en las urnas, pero se pierdan en el escrutinio. Por eso, su primera meta no es legislativa, sino pedagógica: motivar el voto de opinión y formar testigos electorales que cuiden cada sufragio.

Celis explicó que viene adelantando una campaña de contacto directo con la ciudadanía, especialmente en parques y espacios públicos, donde plantea preguntas sobre seguridad, salud y empleo. El ejercicio, según dijo, busca ayudar a la gente a distinguir entre política y politiquería. “Política es lo relativo a los asuntos de gobierno de un Estado; politiquería es bastardeando los fines de la política”, sostuvo, al describir una sociedad dividida entre quienes rechazan cualquier conversación política y quienes solo esperan subsidios.

POR ejemplo, en su diagnóstico, el voto de opinión es la única herramienta capaz de romper ese círculo. Sin embargo, reconoció que muchos jóvenes y abstencionistas se sienten traicionados por dirigentes que llegaron al Congreso con unas banderas y luego cambiaron de partido o de postura.

Frente a esa desconfianza, Celis apela a su trayectoria: más de 25 años de servicio público sin sanciones, experiencia en entidades de control como la Procuraduría y la Contraloría, y una militancia constante en el uribismo desde la fundación del Centro Democrático en Santander.

“Mi hoja de vida lo dice todo”, afirmó, al subrayar que no ha cambiado de línea política y que se mantiene fiel a los principios de seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social. A esos ejes sumó una defensa explícita de la familia y de la libertad religiosa, valores que considera hoy amenazados. Expresó su preocupación por lo que ve como una pérdida de la autoridad de los padres y una judicialización de la crianza, temas que, aseguró, impactan directamente en la formación de ciudadanos.

La aspirante cerró su intervención con una advertencia que conecta su experiencia internacional con la coyuntura nacional: la democracia no se pierde de un día para otro, sino cuando la ciudadanía se retira, deja de votar o no cuida su voto. Para Patricia Celis, esa es la lección más dura que dejó Venezuela y el mensaje central que busca llevar al electorado santandereano en su camino hacia la Cámara de Representantes.

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