Óscar Jahir Hernández: el columnista que nunca pasa desapercibido

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by Alejandra León
Óscar Jahir Hernández: el columnista que nunca pasa desapercibido

Pocos nombres generan tanta conversación en Santander como el de Óscar Jahir Hernández. Para unos, es la pluma que se atreve a decir lo que todos callan; para otros, el abogado que convirtió su mirada crítica en una herramienta para comprender mejor lo que ocurre en Santander. Lo cierto es que, hoy por hoy, cuando en las redes alguien pregunta “¿ya leyó la columna de Óscar Jahir?”, se sabe que se avecina conversación.

Abogado de formación, columnista de Periódico EL FRENTE por vocación, Óscar Jahir no llegó a estas páginas para llenar un espacio: llegó para mover la conversación pública. Y, desde entonces, esta casa editorial lo asume como lo que es: parte de nuestra familia periodística, aun cuando sus opiniones —como las de cualquier columnista— no necesariamente reflejen la posición editorial del medio.

Óscar Jahir insiste siempre en algo que lo define: antes de escribir, investiga. No se trata de opinar al azar. En la entrevista que sostuvo con nuestro equipo, lo resumió con una claridad que, en sí misma, es una declaración de principios:

“Primero, respetar la verdad. Y segundo, investigar. Una cosa es opinar y otra cosa es el periodismo, que es al que tanto aprecio. Yo soy abogado, no periodista, pero esa opinión debe tener responsabilidad, no solo social, sino profesional”.

Hablar de Óscar Jahir sin mencionar “El Cartel de Ruitoque” sería injusto. Esa serie de columnas, que él mismo recuerda como uno de sus grandes “bombazos”, fue la que confirmó algo que muchos ya intuían: que su trabajo no se quedaba en la queja, sino que construía relatos con nombres propios, direcciones, contratos y conexiones que incomodan.

En sus propias palabras, aquella serie fue “la demostración de que había unos contratistas en muchas de las entidades públicas del departamento de Santander que tenían una cercanía no solo profesional, sino también familiar y de amistad, y que, curiosamente, todos vivían en el condominio Ruitoque”. Ese “curiosamente” es, quizá, la mejor puerta de entrada a su estilo: irónico, incómodo, pero sostenido en hechos.

Óscar Jahir reconoce que su sello es la ironía. Lo dice sin poses:

“La ironía y el sarcasmo son una vaina que yo no planeo: uno termina de escribir la columna y ahí están”.

Esa ironía ha sido, muchas veces, el detonante de debates intensos en redes sociales. Y está bien que así sea. En una época donde la conversación pública corre el riesgo de empobrecerse entre insultos y lugares comunes, la ironía bien usada –con contexto, con nombres propios, con responsabilidad– se vuelve una herramienta poderosa para desarmar discursos cómodos.

Pero más allá del estilo, hay algo que en esta casa editorial nos importa todavía más: su pertenencia afectiva y profesional a EL FRENTE. Óscar no escribe “para” este periódico como quien envía un texto desde lejos. Es de aquí. Ha dicho, incluso, que estar aquí lo llevó a replantearse su propia identidad ideológica y a descubrir que ciertas convicciones personales estaban más cerca del conservatismo de lo que él mismo creía. Ese tipo de sinceridad, lejos de ser una anécdota, muestra algo que para esta redacción es clave: coherencia entre lo que se escribe y lo que se vive.

En tiempos de titulares incendiarios, Óscar Jahir representa un tipo de polémica que queremos seguir defendiendo: la que genera conversación, no linchamiento. Sus columnas molestan, sí; cuestionan, señalan, exigen explicaciones. Pero, a la vez, abren espacios para que el lector reflexione sobre la ciudad, el departamento y el país que está ayudando a construir o a tolerar con su silencio.

Su propia experiencia frente a casos de alto perfil demuestra que está dispuesto a asumir los costos de sostener una postura cuando siente que la verdad está de su lado. Los insultos, las tutelas y las demandas que llegaron después no lo hicieron retroceder; por el contrario, reforzaron su idea de que “a veces tener la razón pesa”.

Como casa editorial, sabemos que poner esa voz en las páginas de EL FRENTE es también una apuesta: a la transparencia, al debate, a la incomodidad necesaria. Y la asumimos. Porque preferimos un columnista que nos obligue a pensar, a revisar y a responder, antes que una firma decorativa que nunca moleste a nadie.

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por Alejandra León
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