La hoja de ruta de Paloma Valencia para capitalizar a Santander: “Seguridad sin concesiones, vías sin bloqueos y salud en urgencias”
Resumen
Paloma Valencia expuso en Bucaramanga su propuesta basada en seguridad, mano firme frente a bloqueos y un plan de choque para salud e infraestructura.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
En medio de un departamento tensionado por bloqueos, protestas y un clima de incertidumbre, la llegada de la candidata presidencial Paloma Valencia a Bucaramanga no pasó desapercibida. Su discurso no buscó matices. Fue directo, confrontacional y, sobre todo, enfocado en marcar distancia frente al Gobierno nacional y a sus contendores.
Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE
Más que una visita política, su intervención se convirtió en una radiografía de su proyecto de país, con Santander como laboratorio de sus propuestas. Seguridad, salud, infraestructura y autoridad frente a la protesta fueron los pilares de un mensaje que apunta a consolidar un electorado que demanda orden, resultados y presencia estatal.
Si hay un hilo conductor en la visión de Valencia, es la seguridad. No como un componente más del programa, sino como la base sobre la cual, según ella, se reconstruye el país.
La candidata describió un panorama alarmante. Habló de un “repunte de la violencia, del regreso del secuestro, de la extorsión y de las masacres, particularmente en regiones como el Magdalena Medio. La lectura es clara: Colombia estaría entrando en el año más violento de la última década”, indicó la senadora y hoy firme competidora por el primer cargo público del Estado.
Desde esa interpretación, su propuesta no deja espacio para ambigüedades. Promete recuperar el control territorial con una política de mano firme, reivindicando el papel de la Fuerza Pública y cuestionando abiertamente lo que considera concesiones del actual Gobierno a estructuras criminales.
“La seguridad no es solo un asunto de orden público, sino un requisito para la inversión, la productividad y la estabilidad social. Sin ella, sostiene, cualquier otro esfuerzo se diluye”, expresó la candidata presidencial.
Protestas: diálogo
con límites estrictos
Uno de los puntos más sensibles de su intervención estuvo ligado al paro que hoy golpea a Santander. Valencia reconoció que las protestas por los avalúos catastrales tienen fundamentos legítimos, pero trazó una línea roja: los bloqueos.
Su posición es tajante. En un eventual gobierno suyo, asegura que “habrá disposición al diálogo, pero cero tolerancia frente a las vías de hecho”, aseveró la aspirante uribista quien sin recatos reconoce que en la lógica que plantea se rompe por completo con lo que considera una “costumbre peligrosa” en Colombia: la idea de que bloquear carreteras es la forma más efectiva de ser escuchado.
EN este sentido, su propuesta combina apertura institucional con uso de la fuerza pública en caso de persistencia de bloqueos. Un mensaje que busca conectar con sectores afectados por la parálisis económica, pero que también abre el debate sobre el equilibrio entre protesta social y autoridad estatal.
Salud: un sistema en crisis
En materia de salud, la candidata utilizó una metáfora contundente: el sistema está en cuidados intensivos. Su diagnóstico apunta a la falta de medicamentos, el colapso en la atención y el atraso acumulado en procedimientos.
“Frente a este panorama, planteo un plan de choque inmediato. La primera medida sería la compra masiva de medicamentos para garantizar el abastecimiento, evitando que los pacientes sigan enfrentando barreras para acceder a tratamientos básicos. La segunda apuesta es resolver en los primeros 100 días de gobierno cerca de 10 millones de atenciones y procedimientos represados”, una meta que, según explica, requeriría recursos extraordinarios y una articulación total del sistema, similar a la respuesta que se dio durante la pandemia.
Sobre las EPS, su postura no es de eliminación, sino de ajuste. “Liquidar entidades como la Nueva EPS podría provocar un colapso en clínicas y hospitales, por lo que proponemos una reforma que corrija fallas sin destruir la estructura existente.
Infraestructura: conectar a Santander con el país
El enfoque regional de su discurso tuvo uno de sus puntos más sólidos en la infraestructura. Valencia identificó tres apuestas clave para Santander. La primera es la navegabilidad del río Magdalena, vista como una vía estratégica para conectar el interior del país con los puertos del Caribe. La segunda es la finalización de la Ruta del Sol, un proyecto que sigue siendo una deuda histórica en materia de movilidad.
Pero es en las vías terciarias donde su propuesta adquiere un tono más cercano al territorio. Su Plan Vial Campesino contempla la intervención de 10.000 kilómetros de carreteras rurales, acompañado de un modelo de mantenimiento permanente mediante maquinaria financiada por el Estado y operada en articulación con asociaciones de municipios.
“La idea es dejar de reaccionar a las emergencias invernales y construir una red vial que garantice la conectividad productiva de las zonas rurales”, indicó la candidata quien, pasando a otro tema.
En el frente económico, la candidata defendió la permanencia del subsidio al diésel, reconociendo su impacto en sectores productivos y de transporte. Al mismo tiempo, planteó la necesidad de revisar la fórmula de precios de los combustibles, señalando la carga de impuestos que encarece su valor.
Su postura frente al modelo energético es clara y sin matices: apuesta por el desarrollo de petróleo, gas, carbón y fracking. Argumenta que, mientras el país siga dependiendo de estos recursos, es más conveniente producirlos localmente que importarlos a mayor costo.
Un gobierno con sello ideológico…
Valencia no esquivó su identidad política. Se definió abiertamente como uribista y dejó claro que no renunciará a esa posición para ampliar su base electoral. Sin embargo, al mismo tiempo, habló de un gobierno de puertas abiertas, dispuesto a trabajar con alcaldes y gobernadores sin importar su afiliación política.
Su propuesta de gobernabilidad se basa en la articulación con los territorios, con la promesa de llevar recursos y recuperar la confianza en las instituciones. En ese esquema, Santander aparece como un actor clave, no solo por su peso económico, sino por su identidad política y social.
Al final, más que una intervención puntual, su paso por Bucaramanga dejó una idea clara: su proyecto de país se construye desde la confrontación directa con el modelo actual y desde la promesa de orden en medio del caos.
Su discurso intenta responder a esas tensiones con una mezcla de autoridad, inversión y reformas estructurales. Una fórmula que apuesta por recuperar el control sin abandonar la promesa de crecimiento.