Ni misas ni procesiones: este es el mandatario que prohibió cualquier expresión religiosa en su territorio. ¿Está de acuerdo?
Resumen
En Nicaragua se mantienen prohibidas las procesiones de Semana Santa y otras expresiones religiosas públicas, con fuertes restricciones y vigilancia estatal sobre las iglesias.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
En Nicaragua, las celebraciones de Semana Santa vuelven a estar marcadas por la restricción y la vigilancia estatal. El gobierno del presidente Daniel Ortega ha mantenido la prohibición de las procesiones religiosas en espacios públicos, una medida que, según denuncias de sectores eclesiásticos y organizaciones independientes, limita de manera significativa la expresión de la fe católica en el país.
De acuerdo con reportes conocidos en las últimas horas, las tradicionales manifestaciones religiosas como el Domingo de Ramos y el Vía Crucis del Viernes Santo solo podrán realizarse dentro de los templos, sin posibilidad de recorrer las calles como ha sido costumbre durante décadas. Sacerdotes en distintas diócesis han confirmado que agentes policiales han visitado parroquias para notificar que cualquier actividad fuera de estos límites podría derivar en sanciones, incluyendo arrestos.
La medida, vigente desde 2023, se mantiene para este 2026 con controles aún más estrictos. Además de la prohibición de procesiones, las autoridades han solicitado a algunas iglesias la entrega previa de sus programaciones litúrgicas y la presentación de cartas formales para autorizar cualquier actividad. Incluso, se han impuesto restricciones sobre el uso de fuegos artificiales, obligando a detallar cantidades y responsables de su manipulación.
Las cifras reflejan la magnitud de la restricción. Según la investigadora Martha Patricia Molina, hasta la Semana Santa de 2026 se habrán prohibido más de 27.000 procesiones y expresiones de piedad popular en Nicaragua desde 2019.
Solo para este año, se estima la cancelación de 5.726 procesiones durante la Cuaresma en al menos 409 parroquias distribuidas en todo el país. A estas se suman miles de celebraciones adicionales como las de Corpus Christi, Cristo Rey y el Día de los Fieles Difuntos, que también han sido limitadas en años recientes.
La investigadora sostiene que estas cifras no incluyen otras actividades religiosas paralelas que tradicionalmente acompañan la Semana Santa, lo que podría elevar aún más el alcance de las restricciones.
Celebraciones limitadas y presencia policial
En algunas zonas del país, las autoridades han permitido recorridos mínimos alrededor de los templos, aunque estos casos son excepcionales. En la mayoría de parroquias, las celebraciones han quedado confinadas al interior de las iglesias, bajo la vigilancia de fuerzas de seguridad desplegadas en sus alrededores.
Además, eventos tradicionales de gran convocatoria, como el Vía Crucis penitencial en Managua, no se realizarán este año. Paralelamente, se ha reportado que algunas alcaldías promueven actividades religiosas sin la participación directa de la Iglesia Católica, lo que ha generado cuestionamientos adicionales.Diversas voces han señalado que estas medidas no solo afectan la tradición religiosa, sino que también buscan limitar el pronunciamiento de la Iglesia sobre temas sociales y políticos, como la situación de los presos políticos, la migración y la crisis interna del país.
“La imposibilidad de celebrar procesiones representa un golpe directo a la vida religiosa”, advierten sectores eclesiásticos, que interpretan estas decisiones como un intento de reducir la presencia pública de la Iglesia.
Nicaragua se convierte así en uno de los pocos países del continente donde las manifestaciones religiosas públicas han sido restringidas de forma sistemática, en medio de un contexto de tensiones entre el gobierno y distintos actores sociales.
Mientras tanto, miles de fieles deberán vivir una de las celebraciones más importantes del calendario cristiano entre muros, en silencio y bajo vigilancia, en un país donde la fe, al menos en las calles, ha quedado temporalmente suspendida.