Mentiras y simpleza

Resumen

El texto critica la historia política de Colombia como una sucesión de élites, fraudes, violencia y pactos que no resolvieron el conflicto.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Jaime Galvis Vergara
Mentiras y simpleza

Desde que Colombia inició su vida republicana presentó un ambiente parroquial, al margen de los movimientos que estremecieron el Siglo XIX, un aislamiento geográfico que produjo una mentalidad aldeana propensa a las fábulas y mistificaciones ingenuas. 

Relatos fantasiosos acerca de guerreros indígenas imaginarios, presuntas acciones heroicas de próceres de la independencia, efemérides de refriegas mal llamadas guerras civiles.

Ese país inocente que creía que Bogotá era la Atenas Suramericana y que el Himno Nacional era el más bello del Mundo después de la Marsellesa.

Luego de unas cuantas décadas de patria boba, se presentó un período pomposamente denominado “La República Liberal”. Empezó con un ceremonioso mandatario, Enrique Olaya Herrera en cuyo gobierno tuvo lugar un conflicto con la República del Perú, que culminó por el asesinato del mandatario peruano Luis Miguel Sánchez Cerro.

“La República Liberal” fue una especie de feria de las vanidades en la cual, en medio de un País atrasado, carente de vías de comunicación, sin industrias y plagado de endemias tropicales, proliferaron los clubes sociales. A la ostentosa elite criolla le fascinaban las sacolevas y los sombreros de copa.

Después de la “República Liberal” se presentó la hecatombe del 9 de abril de 1948. Más tarde tuvo lugar el golpe de estado del general Gustavo Rojas Pinilla y una dictadura durante la cual hubo un ostensible avance en la infraestructura vial de Colombia.

Posteriormente, en 1958 se inició un embeleco denominado “frente Nacional”, esta comedia presentó semejanza con las dinastías de Serbia y Montenegro, los Obrenovich y los Karageorgevich las cuales se alternaban en el ejercicio del gobierno. En Colombia las roscas familiares de los partidos Liberal y Conservador se turnaban en el ejercicio del poder; además se estableció una paridad entre los dos partidos en el reparto de las sinecuras.

Fue una época en la cual los apellidos Lleras, Valencia, Santos, Samper, López, Ospina y unos pocos más se destacaban en las altas posiciones del Estado.

Los medios de comunicación iniciaron una ola de obsecuencia y adulación llevada al ridículo, a los gerifaltes de la política se referían como ilustres, preclaros, insignes, egregios.

El penúltimo gobierno del “Frente Nacional” se dedicó a crear una serie de “institutos descentralizados”, paradójicamente localizados en la capital, invariablemente dirigidos por “vástagos de familias ilustres”.

La opinión pública empezó a cansarse de esta comedia, por tanto, el último presidente del “Frente Nacional” llegó al poder por medio de un fraude electoral. Con el fin del “frente Nacional”, se evidenció el crecimiento desmedido de las bandas rurales de facinerosos “guerrillas marxistas” y su gradual transformación en bandas de narcotraficantes.

En medio de esta situación impera la simpleza, en los clubes capitalinos, los vástagos de familias ilustres dicen “ala mis ideas son de izquierda” mientras las bandas de facinerosos paralizan las carreteras, secuestran, extorsionan a los campesinos, asesinan hacendados, producen y exportan narcóticos, mientras los gobiernos, con escasas excepciones practican una política de apaciguamiento, con eternas conversaciones de paz, que son simples tomaduras de pelo. Les han dado concesiones hasta de llegar al Congreso sin votos.   

En medio de toda esa bobería, Colombia se convirtió en el único país del Mundo con guerrillas y en el mayor productor de cocaína de la Tierra.

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por Jaime Galvis Vergara
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