Los criminales que se disfrazan de hinchas para matar
Resumen
En los estadios de fútbol, la violencia escala, mientras los verdaderos criminales se disfrazan de hinchas. La tragedia de Camilo Rojas en Cúcuta resalta la impunidad y la falta de medidas efectivas. Ni siquiera portar una camiseta es seguro en este ambiente hostil.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Se acrecienta el número de malhechores en las tribunas.
Por: Álvaro Angarita Saavedra/Redacción EL FRENTE
No hay medidas concretas, ni acciones judiciales con verdaderos castigos penales para los asesinos que asisten a los estadios con sed de sangre y llenos de maldad. Antisociales que se pavonean en las tribunas como reyezuelos de los escenarios deportivos.
El asesinato del joven Camilo Andrés Rojas Rey en la ciudad de Cúcuta, luego de ser apuñaleado en múltiples ocasiones por los desadaptados ‘disfrazados’ de hinchas en las tribunas y alrededores del estadio General Santander, no tiene ninguna justificación.
Lucir una camiseta de otro club ya es una osadía que puede costarnos la vida. Eso le sucedió al hincha del Atlético Bucaramanga, Camilo Andrés Rojas estudiante de pregrado de Veterinaria en la Universidad Cooperativa de Colombia en la capital santandereana, un seguidor de los ‘Búcaros’ que, pese a no portar la camisa del club de sus afectos, fue perseguido, pateado, agredido y apuñaleado hasta provocar su fallecimiento.
Llevar un polo o una franela de un color que no sea del gusto de los criminales, es como portar una diana en el cuerpo al que le apuntan los facinerosos asesinos del fútbol. Esos maleantes que se las ‘ingenian’ para consumir toda clase de estupefacientes, licores, antes, durante y después de los partidos dentro de los estadios, con la complacencia de los comités de seguridad de las ciudades, de los dirigentes e incluso de las autoridades policiales.
¿Y las medidas, los castigos y sanciones?
Son tan descarados estos maleantes que hasta exigen, al que bien les plazca, pedir identificación, como monarcas de los alrededores de los estadios y como jueces autoritarios de las tribunas y barrios aledaños al evento deportivo. Tamaña desvergüenza y cínica aptitud, propia de energúmenos antisociales sin ley ante la impávida mirada de los que si tienen y pueden aplicar la ley para el bienestar de sus semejantes.
Luego de los desórdenes, agresiones y ya consecutivas muertes de aficionados en varias ciudades donde se juega el fútbol profesional colombiano, llegan los ‘castigos’, las ‘medidas preventivas’ y las ‘sanciones’ que se quedan en solo declaraciones y escritos archivados en el cajón mas alejado de la realidad. Definitivamente ‘pañitos de agua tibia’.

Los encargados de la seguridad, tanto oficiales y como privados, sacan pecho, levantan cara, miran con soberbia y se vanaglorian de lo escrito en el párrafo anterior. Pero luego de un par de semanas, ante el interés económico, se reducen las penas ¿los correctivos desaparecen … pero el luto y las lágrimas en las familias de los fallecidos quien las alivia?
Estamos en periodo electoral y ningún candidato se pronuncia, nadie levanta una voz para tomar la iniciativa de presentar leyes con castigos ejemplares. ¿Alguien sabe de arrestos de los asesinos de Camilo en Cúcuta? ¿De los que provocaron los disturbios en el juego de Nacional y Medellin? ¿Se conocen capturas de los que hirieron a los hinchas del Junior en el estadio Atanasio Girardot? ¿O de los que provocaron agresiones a familias y asistentes en la una final de Copa entre America de Cali y Atlético Nacional?
Se comenta que el hincha del Deportes Tolima que agredió a un jugador en el estadio Manuel Murillo Toro de Ibagué, a quien castigaron con no asistir a cualquier estadio del país, asiste al escenario de la capital musical, como si nada hubiera pasado.
Se prohibieron las corridas de toros, las peleas de gallos, se castiga a quienes maltraten a sus mascotas, pero las despiadadas barbaries en las graderías de los estadios y sus entornos ya parecen algo de tradición carnavalera. Que Dios nos cuide y el Todopoderoso proteja nuestras familias.