“La patria pisoteada por su propio Presidente es hoy objeto de todas las burlas en el exterior”
Álvaro Leyva Durán se pronuncia en EL FRENTE sobre su llamado a juicio

“La patria pisoteada por su propio Presidente es hoy objeto de todas las burlas en el exterior”

Resumen

Álvaro Leyva acusa a Gustavo Petro de persecución política y de irregularidades en el manejo de la licitación de pasaportes.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Camilo Silvera

 

 

Hace algún tiempo denuncié en un comunicado público que Gustavo Petro ha urdido contra mí una persecución atroz, como retaliación ante mis denuncias de su cercanía al mundo de la droga, que han llevado a que los Estados Unidos lo tengan hoy arrinconado.

 

Por Álvaro Leyva Durán - Exministro de Estado

Allí advertí que, desde el gobierno, se estaba intrigando para meterme preso y que se atentara contra mi vida. Ahora, meses después, la fiscalía me acusa de prevaricato porque declaré desierta una licitación de pasaportes que, según esa misma institución, estaba basada en un “pliego sastre”.

Para el ente acusador, no debí haber cumplido la obligación de aplicar la Constitución que yo mismo ayudé a redactar y, por buscar la igualdad, obré con dolo. El mundo al revés. Entiéndase la gravedad: si se acepta esa tesis, el funcionario que declare desierta una licitación porque encuentra un pliego de condiciones inconstitucional o ilegal, se debe ir preso.

De manera que, ante semejante cosa, bienvenido sea el juicio. Daré la batalla en la Corte Suprema con toda fortaleza. Porque confío en sus magistrados, porque mi vida ha sido una lucha permanente por Colombia y porque me acompañan la justicia, la razón y el derecho.

La sentencia absolutoria será la consecuencia lógica del proceso en el que probaré, con documentos oficiales y entre otras cosas, lo siguiente: que yo dejé andando una licitación nueva, limpia y legal, que el ministro Luis Gilberto Murillo suspendió.

Que así él justificó otra urgencia manifiesta, totalmente innecesaria, y le puso un sobreprecio de casi 30 mil millones de pesos. Y que contrató un software por más de 10 mil millones adicionales, que se embolató.

Todo a dedo. Todo turbio. Todo sin control. Así, a la brava, se le abrió la puerta a la debacle de pasaportes de hoy. Yo le advertí a Petro lo que se le venía encima al país. Pero guardó silencio. Hoy siento el orgullo de haber ayudado a desenmascarar al jefe de la mafia que tiene sumida a Colombia en sus horas más oscuras. Asumí como su Canciller con la esperanza de un cambio.

Pero luego conocí su vida de vicio y decadencia. Tardé en entender su vileza y, seguramente, también en denunciarla. Pero de mi padre Jorge Leyva Urdaneta, desterrado por oponerse a la dictadura, heredé la valentía y el respeto por las instituciones; de Álvaro Gómez Hurtado, aprendí la necesidad de un orden justo; y, de Misael Pastrana Borrero, aprendí a pensar en la paz social.

De manera que, fiel a mí mismo y al espíritu de mis mentores, denuncié en varias cartas la degeneración moral, política y personal que le conocí a Gustavo Petro. Y el tiempo me ha dado la razón.

El Presidente es un ser infame: la trata de blancas internacional es un azote de las niñas pobres de Colombia y él, en plena visita de Estado, termina de cliente de un burdel en Lisboa; dice ser un adalid de la paz, pero lleno de odio divide violentamente a la sociedad con su retórica trasnochada, clasista y racista; dice combatir el narcotráfico, pero sale a la plaza pública drogado, ebrio de alcohol y sectarismo, a maltratar e insultar contradictores, mientras en los Estados Unidos se investigan sus vínculos con los narcos.

Y así, de escándalo en escándalo, no cesa la horrible noche: la patria, pisoteada por su propio Presidente, es hoy objeto de todas las burlas en el exterior.

Petro sabe que el proceso electoral que se avecina se parece al vivido recientemente en Chile. Y, para evitar su mismo resultado, intercepta ilegalmente candidatos, busca destruirlos y desde ya pretende tender un manto de duda sobre los escrutinios. Pero Colombia se merece un nuevo amanecer. Y la izquierda radical, que convertida en la barra brava del Presidente le perdona todo, parece condenada al desierto.

Habrá que ver si, en el futuro, le perdona también ser el responsable de su posible derrota. Yo, por mi parte, sigo listo para todas las batallas: abrazando siempre la justicia contra la opresión y con el derecho como lanza, escudo y bandera.

 

Nota: La dirección del diario El Frente destaca la vida y obra del señor exministro Álvaro Leyva Durán, otra víctima de la soberbia política del saliente presidente de la República Gustavo Petro Urrego.

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