Estación de Metrolínea terminó convertida en un set para película pornográfica
Resumen
Diego Lozada denuncia que un video íntimo fue grabado en un bus de Metrolínea, desatando críticas y comentarios irónicos sobre el sistema de transporte de Bucaramanga.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Lo que parecía otro episodio rutinario en la ya accidentada historia del sistema de transporte masivo de Bucaramanga terminó convertido en un insólito capítulo digno de tragicomedia urbana.
Esta vez, no se trata de retrasos, fallas técnicas, déficit financiero, ni falta de buses, sino de una escena que, según denuncia el concejal Diego Lozada, convirtió un bus de Metrolinea en escenario improvisado para la grabación de contenido para adultos.
La polémica estalló luego de que circulara en redes sociales un video donde una pareja protagoniza una escena íntima dentro de un vehículo del sistema integrado de transporte. El material, acompañado de imágenes difundidas por el cabildante en su cuenta de X, encendió críticas y desató una ola de comentarios entre ciudadanos que ya venían cuestionando el funcionamiento del servicio.
Con ironía afilada y tono de indignación, Lozada lanzó un duro reclamo público que mezcló denuncia con sarcasmo: según afirmó, el sistema ya no solo sería escenario de atracos o refugio nocturno para habitantes de calle, sino ahora también “locación” para producciones de cine para adultos.
El concejal fue más allá en su crítica y cuestionó el rumbo del sistema con una pulla que no pasó desapercibida: se preguntó si, ante las dificultades económicas y la falta de pasajeros, la empresa estaría explorando nuevos modelos de negocio tras el fallido intento de alquilar buses provenientes de Medellín, insinuando con mordacidad una supuesta incursión en la industria del entretenimiento para adultos.
El episodio, aunque inusual, alimenta la percepción ciudadana de abandono y falta de control en la infraestructura pública.
Mientras tanto, el video continúa circulando como pólvora digital y el debate se mueve entre la indignación, la burla y la incredulidad colectiva. Entre reclamos serios y comentarios cargados de humor negro, lo cierto es que el escándalo deja una pregunta flotando en el ambiente: si el transporte público pierde pasajeros, ¿también pierde el control de sus propios escenarios?